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martes, septiembre 27, 2016

CHRONICLES FROM THE DUSK: AMOEBA SPLIT: SECOND SPLIT


CHRONICLES FROM THE DUSK [por CARLOS TORRECILLA]

AMOEBA SPLIT: SECOND SPLIT (2016, AZAFRÁN MEDIA)
  1. Clockwise 09:03       
  2. Sundial Tick 04:48    
  3. The book of days 02:25
  4. Those fading hours 08:34     
  5. Backwards all the time 08:22
  6. About life, memories and yesteryears 08:12
Formación:
Ricardo Castro Varela: órgano Hammond, mellotrón, Moog, piano
Alberto Villarroya López: bajo, Moog, piano eléctrico, guitarra de 12 cuerdas
Fernando Lamas: batería y percusión
Pablo Añón: saxo alto  
Eduardo "Dubi" Baamonde: saxo tenor y flauta
Rubén Salvador: trompeta y fliscorno
Músicos invitados:
Israel Arranz: vibráfono (3)
Risto Vuolanne: bajo doble (3)
Elena Fernández: viola (3)
Sara García: violín (3)
Lucía Quinteiro: cello (3)
Arantxa Vera: violín (4)
Iago Mouriño: órgano Hammond (1), Moog (4), piano y Moog (5) y piano eléctrico (6)
Felix Arias: guitarra de 12 cuerdas (6)

Dijo una vez el gran Charlie Parker que desde la primera vez que oyó música, siempre pensó que ésta había de ser limpia, muy precisa, tan limpia como sea posible. De pulcritud, precisión y claridad musical los chicos de Amoeba Split pueden dar conferencias, liderar simposios y dirigir mesas redondas. Pero también de dinamismo, de manejo del espacio sonoro y de improvisación ajustada a la concreción. Aromatizados con la verde humedad de la campiña británica, Ricardo Castro (teclas), Alberto Villaroya (bajo y guitarras de 12 cuerdas) y Fernando Lamas (percusión), acompañados en esta ocasión por Pablo Añón, Eduardo Baamonde y Rubén Salvador conformando una cohesionada sección de metales, y un nutrido grupo de músicos vistiendo los cortes de imaginativas cuerdas e incluso infausto vibráfono, acaban de editar su segundo disco (tercero si tenemos en cuenta aquella excitante maqueta Demo del 2003) sencillamente titulado Second Split en Azafrán Records.
De naturaleza abierta y valiente, el disco fluctúa entre la música de cámara (en ocasiones Sonata a Trío), el Jazz 'elástico' de Ian Carr y, sobretodo, el Rock Progresivo de la escena Canterbury. Aunque escuchas latigazos de Be-bop electrificado (y actualizado) inteligentemente diseminados por todas las composiciones, "Clockwise" es una buena muestra, es el componente Canterbury el que domina la producción... Las poliédricas y elegantes formas jazzero-progresivas de la escena del sureste de Inglaterra asoman en todas y cada una de las seis maravillosas composiciones que forman el álbum. Los gallegos son capaces de retrotraerme a los Crimson más intimistas para acto seguido desarrollar un pasaje a la Soft Machine, sin guitarra, que no puede sino conseguir mi admiración eterna. Guiños a National Health o Matching Mole se entrecruzan e interactúan con pasajes barrocos en atractivas y sedantes sinfonietas con la pasión y la elegancia como denominador común. Moogs que parecen guitarras (y que las sustituyen y superan), cuerdas que dialogan con metales con inusual naturalidad, percusiones certeras que anuncian tempo, sostienen y abren campo para la libre expresión del bajo eléctrico. Las piezas fluyen formando un todo libre y majestuoso. Sin ambages ni anclajes, con la soltura y ventaja que proporciona al creador el saberse dueño de sus caminos. En Second Split no hallarás sino cobijo y belleza. Belleza a espuertas...
"Clockwise" recibe al recién llegado con altiva superioridad formal, no exenta de amabilidad y cierta accesibilidad. Ese clímax y sus aires de controlada jam session seguirán pareciéndote sorprendentes tantas veces como la escuches. Un Miles Davis enclaustrado en Canterbury y entregado a sus británicas costumbres. Teclas sublimes y ritmo tensado como cuerda de arco, con la flexibilidad justa para adaptarse a las evoluciones del tema y volver al punto de inicio sin apenas vibración ni, por supuesto, retroceso.
"Sundial Tick" sigue un patrón tan jazzero como poco común. El tema vira sin aspavientos de lo cómodo a lo sórdido. En unas pocas notas. En un cambio de gesto casi imperceptible. Ecos del primerizo Folk Progresivo instrumental actúan con delicado proceder. Una tímida colaboración con resultados abrumadores.  
La Sonata a Trio, "The Book Of Days", irrumpe con decisión. Cuerdas y vibráfono dialogan con la vista puesta en los momentos más intimistas de aquél Islands de King Crimson. Ecos de Penderecki y sublime atmósfera en un profundo y enigmático divertimento de tan sólo dos minutos y medio...
..."Those Fading Hours" pudiera ser, sin atisbo de sonrojo por mi parte, una de las mejores composiciones progresivas del país en los últimos veinte años. Un tema de mil texturas sin aristas lesivas. Una continua secuencia de brillantes aportaciones de cuerdas, bajo, teclas y metales. Una suerte de crescendo rotundo y apasionante que concluye con minuto y medio glorioso (If Ever/Counterclockwise) mostrando aproximación al spacy Prog y dejándote boquiabierto, extasiado... sólo acertando a comprobar que Amoeba Split te ha revelado cómo sonarían los Khan de Steve Hillage con guitarras de doce cuerdas...
Del regreso a la realidad se encarga "Backwards All The Time" y su inconfundible olor a finales de los sesenta, a esa época en la que nada era aún una malsana concatenación de 'corta y pegas'... y menos el Rock Progresivo. Art Rock Jazzy y Progresivo de manual. Metales desmelenados, elaborados entramados de teclas y base rítmica grandiosa. Interludio y back again. Vuelta al progreso, al impulso y la amplitud de miras. Final abrupto. Un hachazo inmisericorde que se lleva una composición con hechuras de gran jam. ¿Verdad, chicos, que en directo esto se va al doble de duración?
Los ocho minutos de "About Life, Memories And Yesteryears" recuerdan al Sinfo más imaginativo. Melodía y dramatismo. No alejada totalmente de la esencia de la escena cantuaria sí ofrece un confortable ejercicio de diáfano Rock Sinfónico con miras telescópicas. Un avanzado pero formal estudio de la armonía y un uso acertado del lirísmo aplicado al Rock de primera mitad de los setenta. Una delicia para mis pabellones. Un colofón idóneo a un disco formidable.
Second Split no sólo sucede dignamente sino que en mi opinión trasciende a aquél coloso llamado Dance Of The Goodbyes. En muchos años entregado a esto en diferentes disfraces no soy capaz de encontrarle un punto débil más allá de los manidos tópicos sobre su duración o la propia grabación. El disco raya la perfección. La presentación física es sencillamente espectacular, suena pulcro y abierto y dura exactamente lo justo para obligarte a volverlo a pinchar. Se hacen pocas cosas en el panorama estatal con tanto mimo, respeto por el consumidor y con tan buen gusto.
Amoeba Split no encabezará muchos festis, lamentablemente, ni siquiera recibirá la atención y mucho menos el reconocimiento que merecen. La "masa progresiva" visible y falsamente militante está a otros menesteres, es el precio a pagar por su condición de eventual, de circunstancial, de pasajera y de caduca. ¿Cuál es el precio?, perderse una de las más excitantes manifestaciones del Rock Progresivo de las últimas décadas. Entre otras desgracias. En estos yermos que una banda como Amoeba Split haya decidido emprender esta senda insuficientemente iluminada, alejados de vendedores de coches usados y de la seguridad ficticia que dan las manadas, es digno de admiración per se... Si, además, compruebas que su maestría y talento son capaces de facturar discos de esta magnitud... da para pensar que, a lo mejor, al cabo, todo esto tiene algún sentido. Mi más sincera enhorabuena. Larga vida a Amoeba Split.

1 comentario:

  1. Este colaborador si que demuestra tener conocimientos de sobra para abordar una reseña que esté al mismo nivel que la música reseñada. Rara avis en un mundo lleno de cantamañanas que se creen John Peels aunque en realidad hayan oído los mismos discos que mi abuela. Congrats!!!

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