martes, julio 30, 2013

DAYS BETWEEN STATIONS: IN EXTREMIS



DAYS BETWEEN STATIONS: IN EXTREMIS (2013, DAYS BETWEEN STATIONS)

1.       No cause for alarm (Overture)
2.       In utero
3.       Visionary
4.       Blackfoot
5.       The man who died two times
6.       Waltz in D minor
7.       Eggshell man
8.       In extremis

Oscar Fuentes: piano, órgano Hammond, sintetizadores, percusión electrónica
Sepand Samzadeh: guitarra principal, guitarra rítmica, texturas
Músicos colaboradores:
Peter Banks: guitarras eléctricas, texturas
Tony Levin: bajo
Jeffrey Samzadeh: voces
Billy Sherwood: voz, batería
Barbershop Quartet
Chris Tedesco: solos de trompeta
Angel City Orchestra

5/5

Tras varios, muchos, años de espera el dúo norteamericano hace un par de meses publicó su segunda entrega con un resultado más que satisfactorio. La evolución de este segundo, pese a que su primer esfuerzo homónimo de 2007, hace cinco años, conllevaba una calidad fuera de lo común, tiene como resultado un trabajo mucho más coherente y más profesional, quizá debido a la coproducción junto a Billy Sherwood, un mercenario del rock progresivo de reputada trayectoria.
Y es que en esta nueva grabación, el dúo, que se ha rodeado de un enorme elenco de músicos progresivos y de cámara, eleva la denominación de rock progresivo a su más alta instancia puesto que nos enfrentamos a un trabajo de una enorme envergadura, y no me refiero a la duración del disco, ni tan siquiera a las enormes suites que sustentan esta magnífica obra de arte, sino a una grandísima calidad reflejada en temas de absoluta belleza creativa y emocional, en la que se absorbe toda la imaginería posible de la música de calidad, desde el rock sinfónico pasando por el bucólico hasta llegar a desarrollos espectaculares de rock ambiental con aires cinematográficos que convierten a este trabajo en uno de los puntales del tantas veces denostado Art Rock. Un rock capaz de aunar emociones progresivas y folclóricas para irse tamizando en bellos y largos desarrollos con la intención de atrapar al oyente inteligente desde el primer momento de su escucha (aunque yo recomiendo que se escuche cuanto más mejor) subyugándolo con ejercicios de música clásica, en el sentido literal de la palabra, junto a esfuerzos de auténtico rock sinfónico, aderezados con trasfondos melódicos melancólicos y oscuros, no exentos de poderosísimas secciones emotivas, alegres y eléctricas, para derivar en una sensación explícita de un trabajo hecho desde el corazón.
Temas muchos y variados, excelentes ejercicios de factura cinematográfica que sirven de excusa para solventarse con enormes desarrollos de auténtico rock progresivo sustentados en inteligentes desarrollos a las guitarras eléctricas, qué grandísima labor de Sepand y Peter, pero con sintetizadores tocados con desbocada maestría por Oscar, con la ayuda de mellotrones para dar una mayor profundidad a la música de Days Between Stations, que se ven reforzados por la ayuda de un Rick Wakeman de espíritu totalmente setentero.
De entre los ilustres invitados me quedo con el tristemente desaparecido fundador de Yes, Peter Banks, en una de sus ultimísimas intervenciones en estudio, que nos da una lección de versatilidad técnica y emotiva, y al que el grupo, aún sin haber terminado su producción, dedicó el emotivo vals de corte clasicista centroeuropea. Colin Moulding canta con gran sentimiento, como no podía ser de otra manera, y también el últimamente imprescindible Sherwood, al que, sin embargo, le acuso de haber tocado, y producido en estudio, una batería demasiado hueca y poco resolutiva. Es más creo que alguno de los muchos momentos de este grandísimo trabajo sobra tanta percusión.
Tony Levin es un efectivo y efectista músico de bajo, en cualquiera de sus formatos, y sabe crear como nadie unas texturas tímbricas excepcionales. Creo que su implicación con la música del dúo norteamericano va más allá de esta colaboración y sería agradable contar con él como parte integrante de la formación, escuchado su trabajo en este In Extremis. La sorpresa, agradable, ha sido la colaboración de Rick Wakeman, que ha sabido crear en la suite “Eggshell man” ese sabor que antes denominaba bucólico, casi pastoral y folclórico, para desmelenarse con el uso de un mini Moog in crescendo, que ha trasmutado la música de Days Between Stations del XXI a la década gloriosa de los setenta del pasado siglo.
En definitiva, un exquisito trabajo, lleno de emoción, textura, calidad y, por encima de todo, música. Una música progresiva que sólo Days Between Stations sabe hacer. Una música de unos artesanos que saben mimar el trabajo bien hecho y por eso la distancia entre los discos publicados es tanta. Una música que será leyenda, un culto al alcance de pocos elegidos. Una música sin fronteras, una experiencia inolvidable… una memoria eterna.