domingo, agosto 16, 2026

THE FOXHOLES Y WHAT THE FOX! (2026): VEINTE AÑOS DE BÚSQUEDA RESUMIDOS EN UN VINILO IMPRESCINDIBLE

Existen discos recopilatorios concebidos para celebrar aniversarios, satisfacer al mercado o reunir las canciones más populares de una banda. Y existen otros, mucho menos frecuentes, que terminan adquiriendo una dimensión completamente distinta. What The Fox!, publicado el 6 de julio de 2026 para conmemorar los veinte años de The Foxholes, pertenece claramente a esta segunda categoría. 

Sería fácil definirlo como el primer vinilo de la formación barcelonesa. También como una selección de diez canciones que recorren dos décadas de trayectoria. Ambas afirmaciones son ciertas, pero insuficientes. Porque What The Fox! no se limita a recopilar material anterior: reinterpreta toda una carrera desde el presente, convirtiéndose en la obra que mejor explica quiénes son hoy The Foxholes.

Y esa es precisamente su mayor virtud.

Desde su nacimiento en Barcelona en 2006, el proyecto impulsado por Jonah A. Luke nunca ha transitado el camino más sencillo. Mientras buena parte del rock progresivo contemporáneo ha buscado refugio en la tradición, The Foxholes han preferido construir un lenguaje propio, alimentándose del rock alternativo, el hard rock, la psicodelia, la electrónica, el art rock e incluso del post-rock, sin renunciar nunca a una evidente sensibilidad progresiva. Su evolución nunca ha sido lineal, sino orgánica. Cada disco ha supuesto un paso adelante, una nueva pregunta más que una respuesta definitiva.

Jonah y Txosse, 2015 (foto: Moi Canon)
Jonah y Txosse 2015
(foto:Moi Canon)
Con una discografía extensa y sorprendentemente coherente, la banda llega ahora a su vigésimo aniversario con una decisión tan sencilla como inteligente: no ordenar cronológicamente su historia, sino reconstruirla desde la experiencia adquirida durante todos estos años.

La clave aparece casi escondida en los créditos del álbum. Todas las canciones han sido grabadas, mezcladas y masterizadas entre 2015 y 2024 por Txosse Ruiz en Wheel Sound Studio. Sin embargo, las composiciones proceden de momentos muy diferentes de la trayectoria del grupo. Algunas nacieron en los primeros años, otras pertenecen a discos de madurez y varias fueron publicadas recientemente. Lo verdaderamente interesante es que aquí dejan de pertenecer a épocas distintas para integrarse bajo una única identidad sonora. No estamos escuchando viejas grabaciones ordenadas en un mismo soporte. Estamos escuchando a The Foxholes de 2026 dialogando con The Foxholes  que crecieron de 2009 a 2024.

Y este es el matiz que cambia completamente la naturaleza del disco. En lugar de presentar una retrospectiva, What The Fox! propone una reinterpretación. Canciones nacidas en contextos muy diferentes adquieren una nueva vida gracias a una producción homogénea, una banda plenamente consolidada y una secuenciación que las convierte en un único discurso musical.

La apertura con "El Propi Misteri", presentada aquí en una edición especialmente adaptada para el formato LP, funciona como una declaración de principios. Procedente de Flora i Fauna (2024), reúne muchas de las virtudes que han definido la última etapa del grupo: guitarras expresivas, una producción cristalina, cambios armónicos discretos y una escritura que consigue sonar sofisticada sin perder cercanía. Es un comienzo luminoso, invitando al oyente a entrar en un paisaje sonoro donde cada detalle parece cuidadosamente colocado.

A continuación aparecen "Invader Proxy" y "Tiny Speck", ambas rescatadas de Un Mal Menor (2016). Son dos composiciones que representan un momento decisivo en la evolución de la banda. Aquí todavía encontramos a Vicenç Molina tras la batería y un sonido que empieza a desprenderse de las capas experimentales de los primeros años para abrazar un lenguaje más directo, donde el rock alternativo dialoga constantemente con la sensibilidad progresiva. Son canciones compactas, de gran eficacia narrativa, que demuestran que la complejidad no depende de la duración ni del número de cambios de compás. 

Uno de los grandes aciertos del recopilatorio es la inclusión de "Cruzada" en su edición para sencillo. La pieza resume la faceta más enérgica de The Foxholes. Bajo un riff contundente aparecen sintetizadores, texturas electrónicas aportadas por Maese 1001 y una estructura que nunca termina de acomodarse en el terreno del rock convencional. Es una de esas composiciones que sintetizan perfectamente la personalidad híbrida del grupo.

La cara A concluye con "La Sed Que Yo Tengo", probablemente una de las canciones más representativas de bRutaL (2011). Aquí el grupo demuestra que también sabe construir relatos musicales de largo recorrido. La tensión se desarrolla lentamente, las guitarras respiran, la dinámica crece de forma orgánica y el desenlace deja esa agradable sensación de haber recorrido un pequeño viaje. Como cierre de la primera cara resulta prácticamente perfecto: invita a levantarse, dar la vuelta al disco y seguir escuchando.

La segunda mitad comienza con "De tus manos", el corte representante de Radio Cincinnati (2015). Más allá de su calidad musical, posee un importante valor histórico. Fue uno de los trabajos realizados junto a Txosse Ruiz en Wheel Sound Studio y marcó el inicio de una colaboración que terminaría definiendo el sonido de la banda durante la siguiente década. Sin esta canción, el relato que propone el vinilo habría perdido una pieza esencial. 


La presencia de "La Ciencia de la confusión", procedente de Sci-Fox (2017), evidencia hasta qué punto ese álbum representa la culminación artística de The Foxholes. Es una composición llena de matices, con una arquitectura interna muy elaborada y una riqueza armónica que nunca cae en el exceso. La participación vocal adicional del propio Txosse Ruiz aporta una profundidad casi coral que engrandece aún más el conjunto.

El ambiente cambia con "Mephistopheles", otra de las grandes composiciones de Sci-Fox. Oscura, intensa y atmosférica, introduce el momento de mayor densidad emocional del recorrido. Sus guitarras pesadas conviven con sintetizadores discretos y una interpretación vocal contenida que evita cualquier tentación teatral. Es una canción que demuestra cómo la banda ha aprendido a sugerir más que a mostrar.

El penúltimo corte, "Tierra ni hogar", testifica la gran obra Sci-Fox, el disco más representado en este vinilo, para ofrecer uno de los momentos más emotivos del álbum. Hay algo profundamente cinematográfico en su desarrollo. Más que apoyarse en riffs memorables, construye imágenes, paisajes y emociones. Es una composición donde el espacio entre las notas resulta casi tan importante como las propias notas.

Jonah, 2026 (foto: Almudena C.)
Jonah 2026 (foto: Almudena C.)

Y entonces llega el final con "Cada miércoles", original de com o doin fier no (2010) y reelaborada como bonus en Sci-Fox. La elección de este tema para cerrar el primer vinilo de la historia del grupo resulta especialmente significativa. No es la pieza más larga, ni la más compleja, ni la más espectacular. Es, probablemente, la que se convierte en la más humana. Su carácter melódico y su calidez dejan al oyente con una sensación de continuidad, como si la historia no terminara aquí, sino que simplemente invitara a seguir explorando el resto de la discografía.

Pero quizá el mayor logro del vinilo sea precisamente aquello que no se percibe a primera vista. Resulta difícil identificar qué canciones fueron concebidas hace quince años y cuáles pertenecen a la etapa más reciente. La producción no uniformiza artificialmente el repertorio; simplemente revela que siempre existió un hilo conductor bajo las diferentes capas estilísticas que la banda fue explorando con el paso del tiempo. Escuchadas hoy, aquellas primeras intuiciones creativas encuentran continuidad natural en las composiciones más maduras. Todo parece formar parte de un mismo viaje.

Eso habla muy bien de la evolución del grupo. También de la enorme labor realizada por Txosse Ruiz durante la última década. Su producción consigue que el catálogo entero respire con una personalidad común sin borrar la identidad particular de cada canción. El resultado no suena a restauración, sino a consolidación. Todo ello apoyado fírme y artísticamente por una portada vibrante y caleidoscópica, obra de Tim Marsh, donde la explosión de formas geométricas y colores eléctricos transmite energía, movimiento y una personalidad arrolladora, cuyo atractivo nace del contraste entre el fondo oscuro y gráfico y ese estallido cromático central, como una vanguardia pictórica pasada por el filtro del pop y la música contemporánea.

Otro de los grandes aciertos reside en la secuencia elegida para el formato vinilo. No hay sensación de acumulación ni de simple enumeración de temas destacados. La escucha avanza con una fluidez admirable, alternando momentos de mayor intensidad con otros más introspectivos, equilibrando la duración de las composiciones y respetando el lenguaje propio del LP como obra completa. En una época dominada por las listas de reproducción, The Foxholes reivindican el valor de escuchar un disco de principio a fin. Y funciona. Porque, lejos de parecer un álbum construido con materiales dispersos, What The Fox! transmite la sensación de haber sido concebido exactamente así desde el principio. Eso solo ocurre cuando una banda posee una identidad muy definida.

Escuchando este trabajo resulta inevitable regresar física y mentalmente a los primeros discos del grupo. No para compararlos, sino para comprobar cómo muchas de las ideas que entonces aparecían de forma embrionaria terminan floreciendo aquí con absoluta naturalidad. El rock alternativo, las estructuras progresivas, el gusto por la melodía, los cambios dinámicos o el equilibrio entre fuerza y sensibilidad nunca fueron elementos aislados. Siempre estuvieron presentes. Lo que ha cambiado es la manera de desarrollarlos.

Por eso este disco tiene un valor que trasciende al propio aniversario. Más que resumir veinte años de carrera, los explica. Más que seleccionar canciones, construye un relato. Más que mirar hacia atrás, ilumina retrospectivamente toda la obra de The Foxholes. Y ese es un logro extraordinariamente difícil de alcanzar.

The Foxholes 2026 (foto: V. Molina)
The Foxholes 2026 (foto: V. Molina)

Al finalizar la última nota de "Cada miércoles" queda la sensación de haber escuchado algo mucho más importante que un recopilatorio. Se percibe la historia de una banda que nunca ha dejado de evolucionar, pero que tampoco ha perdido jamás el hilo que unía sus primeras composiciones con las más recientes. Un grupo que ha sabido crecer sin renunciar a sí mismo. Quizá por eso What The Fox! posee una cualidad que muy pocos discos consiguen. No ofrece todas sus respuestas en la primera escucha. Al contrario. Con cada nueva vuelta aparecen conexiones que antes pasaban desapercibidas, pequeños detalles de producción, líneas instrumentales, relaciones entre canciones separadas por años de distancia y una coherencia interna que solo se revela plenamente con el tiempo. Es uno de esos discos que parecen mejorar a medida que el oyente también aprende a escucharlos.

Y esa es, probablemente, la mayor victoria de The Foxholes. Porque cuando un recopilatorio consigue dejar de comportarse como un recopilatorio para convertirse en una obra con personalidad propia, deja de ser una celebración del pasado para transformarse en una declaración de principios. What The Fox! no cierra veinte años de historia, sino que los pone en perspectiva. Y lo hace con una elegancia, una honestidad artística y una madurez compositiva que convierten este primer vinilo en una referencia imprescindible dentro de la discografía de The Foxholes. Un álbum que no solo celebra el camino recorrido, sino que invita a volver a recorrerlo desde el principio. Y, como ocurre con las obras verdaderamente perdurables, cada nueva escucha no hace sino confirmar la sensación inicial: estamos ante un disco magnífico, de esos que crecen con el tiempo hasta convertirse, silenciosamente, en una pequeña maravilla.

viernes, junio 12, 2026

ÉXODO (2026, 5 LUNAS PRODUCCIONES)

Claro que hay discos que llegan para ampliar la historia, pero también es cierto que otros directamente la reescriben. El rescate de Éxodo por parte de Cinco Lunas Producciones pertenece a esta segunda categoría. Casi medio siglo después de su nacimiento, aquellas composiciones concebidas en la Málaga de finales de los setenta encuentran por fin el lugar que siempre merecieron dentro del gran relato del rock progresivo español. Nacidos en 1977, en plena ebullición creativa, el grupo desarrolló una personalidad propia alejada de los caminos más transitados del rock andaluz. Durante años fueron una de esas leyendas apenas conocidas por quienes frecuentaban salas, concursos y escenarios locales, compartiendo cartel con nombres tan dispares como Tabletom o Barón Rojo, mientras construían un repertorio que miraba más hacia las grandes referencias británicas del progresivo que hacia las modas imperantes de su entorno. 

Lo primero que sorprende al escuchar estas grabaciones es su extraordinaria madurez. Éxodo han escuchado a los grandes y sonidos de King Crimson, Genesis, Camel o Pink Floyd aparecen de forma natural, integradas en un lenguaje propio donde la flauta de Antonio Ávila, los teclados de Augusto Jurado y la guitarra de Juan A. Anillo dialogan constantemente sobre una base rítmica sólida y versátil. No hay artificio ni exhibicionismo gratuito. Aquí hay progresivo, rock sinfónico, jazz-rock... pero sobre todo hay composición, atmósfera, largos desarrollos, duende y una búsqueda permanente del equilibrio entre la complejidad técnica y la emoción melódica. En algunos pasajes, incluso resulta inevitable encontrar resonancias que años después asociaríamos a propuestas espaciales y psicodélicas cercanas a Ozric Tentacles.

El material grabado entre 1992 y 1994 por los miembros originales posee además un valor especial. No se trata de una simple reunión nostálgica ni de una reconstrucción arqueológica. Son canciones que conservan intacto el espíritu creativo de finales de los setenta, registradas con la perspectiva y la experiencia que da el paso del tiempo. Esa combinación confiere al álbum una extraña sensación de intemporalidad, como si hubiera permanecido oculto durante décadas esperando el momento adecuado para ser escuchado.

Con esta edición, gracias a la labor arqueológica de Cinco Lunas Producciones, a quienes el tiempo no tardará en consolidarlos en su altar preeminente de investigación y salvaguarda del Arte musical, no solo se recupera un grupo olvidado; se devuelve a la memoria colectiva una pieza importante del puzzle del progresivo español. Éxodo demuestra que la escena andaluza fue mucho más diversa y rica de lo que habitualmente reflejan los relatos oficiales. Escuchar este disco es abrir una ventana a una historia paralela, una historia que estuvo a punto de perderse y que hoy, afortunadamente, vuelve a sonar con toda su fuerza y toda su belleza como si llevara décadas esperándonos.

Hazte con su trabajo aquí.

lunes, junio 01, 2026

CUNEIFORM RECORDS PRESENTA SU NEWSLETTER DE JUNIO DE 2026 CON HENRIK OLSSON, CHEER-ACCIDENT Y NUEVOS ADELANTOS DE SU CATÁLOGO EXPERIMENTAL

 

Cuneiform Records continúa desplegando su intensa actividad editorial con la publicación de su newsletter de junio de 2026, una actualización que combina nuevos lanzamientos, avances de futuros proyectos y noticias relacionadas con algunos de los nombres más representativos de su catálogo. Como viene siendo habitual, el sello estadounidense reafirma su apuesta por el rock progresivo, el jazz de vanguardia y la música experimental más inquieta.

Uno de los principales focos de atención del boletín está puesto en Henrik Olsson's Antumbra Ensemble. El guitarrista y compositor danés prepara para el próximo 26 de junio la publicación de Antumbra Ensemble, su debut en Cuneiform Records. El álbum presenta una propuesta de avant-prog y jazz experimental construido alrededor de complejas estructuras compositivas, con referencias que remiten tanto al universo de Henry Threadgill como al legado del movimiento Rock In Opposition encabezado por grupos como Henry Cow.

Como adelanto del lanzamiento, la newsletter destaca el tema “Homeshredder”, acompañado de un videoclip realizado por Nespy5euro. El proyecto cuenta con una formación de siete músicos procedentes de la escena creativa de Copenhague y desarrolla una sonoridad que combina elementos del rock experimental, la improvisación contemporánea y el jazz más aventurero. El propio sello define el trabajo como una experiencia musical cambiante y llena de contrastes, articulada a través de melodías complejas y dinámicas en constante transformación.

La publicación también dedica un espacio destacado a Cheer-Accident, cuyo nuevo trabajo You Smile–The Song Is over apareció oficialmente a finales de mayo. El lanzamiento supone un nuevo hito para la veterana formación de Chicago, ya que reúne su vigésimo séptimo álbum de estudio junto a su primer DVD oficial en directo. La banda continúa consolidando una trayectoria marcada por la experimentación, el humor absurdo y una particular mezcla de art rock, post-rock y estructuras progresivas poco convencionales.

Además del nuevo disco, Cheer-Accident inicia una gira estadounidense con la que seguirá presentando un repertorio que durante décadas ha convertido al grupo en una de las propuestas más singulares de la escena underground norteamericana. La newsletter recupera incluso algunas valoraciones históricas de medios y publicaciones especializadas que han destacado la capacidad del grupo para combinar complejidad musical y espíritu irreverente.

Otro de los puntos relevantes del boletín es la promoción de Legends in their Own Lunchtime: An Exploration of the Canterbury Scene, el primer libro publicado por Cuneiform Records. La obra, escrita por el historiador musical francés Aymeric Leroy, supone la primera traducción al inglés de uno de los estudios más exhaustivos dedicados a la escena Canterbury, movimiento fundamental en el desarrollo del rock progresivo británico durante las décadas de 1960 y 1970. Con esta publicación, el sello amplía su actividad más allá del ámbito estrictamente discográfico y se adentra en la divulgación histórica y cultural.

La newsletter sirve además para anticipar algunos de los lanzamientos que llegarán durante la segunda mitad de 2026. Entre ellos figuran The Terror and the Beauty, de A Love Supreme Electric, concebido como un homenaje a Sonny Sharrock; Missing Times, de los franceses Ghost Rhythms; y 6, nuevo trabajo de los suizos Schnellertollermeier. También se confirma que los italianos Accordo dei Contrari trabajan en un nuevo álbum que verá la luz próximamente dentro del catálogo de Cuneiform. 

Como complemento a las novedades editoriales, el boletín repasa la actividad en directo de varios artistas vinculados al sello. Entre las noticias destacadas aparece la participación de la violonchelista y compositora Janel Leppin en la gira de Mdou Moctar, además de futuras actuaciones y proyectos relacionados con distintos músicos de la órbita Cuneiform. 

Con esta nueva actualización, Cuneiform Records mantiene intacta la filosofía que ha definido al sello desde su fundación: ofrecer un espacio para propuestas musicales alejadas de los circuitos comerciales convencionales y continuar construyendo un catálogo donde conviven el jazz creativo, la experimentación sonora y las múltiples ramificaciones del rock progresivo contemporáneo.

Información completa en: https://cuneiformrecord.blogspot.com/2026/05/cuneiform-records-may-2026-newsletter.html

viernes, mayo 01, 2026

FONTORIA PRESENTA MADREMAR, LA OBRA MÁS AMBICIOSA Y NARRATIVA DE MAXI AREÑES

El proyecto musical Fontoria, liderado por el músico asturiano Maxi Areñes, lanza su sexto trabajo discográfico, Madremar, una nueva exploración sonora que consolida su trayectoria como una de las propuestas más singulares dentro de la música conceptual contemporánea.

Publicado directamente en plataformas digitales el pasado 6 de febrero de 2026, Madremar se presenta inicialmente como una obra compuesta por un extenso bloque instrumental de aproximadamente 50 minutos, acompañado por dos piezas adicionales: “Eolo III”, que cierra la trilogía iniciada en su álbum Goetia (2023), y “Nauta”, un tema vocal en el que Areñes narra, a través de su propia voz, la historia de un Ulises contemporáneo en el ocaso de su vida.

En este nuevo trabajo, Areñes desarrolla una idea central poderosa: el mar como entidad única, origen de la vida, de las experiencias humanas y de las leyendas que han atravesado el tiempo. Esta visión se traduce en una obra de carácter inmersivo, donde la música actúa como vehículo narrativo y emocional.


La edición física, prevista para el verano de 2026 en una tirada limitada, ampliará significativamente el contenido original. Bajo el título Madremar. Las Espontáneas Tribulaciones de Ulises, esta versión incluirá dos CDs y un total de 14 composiciones, incorporando 11 nuevos temas que transforman el conjunto en un álbum conceptual completo inspirado en La Odisea de Homero. El resultado es un relato musical que reinterpreta el viaje de Ulises desde una perspectiva contemporánea y profundamente personal.

Fiel a su carácter intelectual, Maxi Areñes vuelve a asumir un papel central en la creación del disco, encargándose de interpretar cerca de 30 instrumentos, reafirmando su condición de multiinstrumentista y creador integral. Junto a él, participan músicos de reconocido nivel como Pablo Canalís —colaborador habitual del proyecto—, Mael Martínez, Maitetxu Isla y Olivier Grenoble.

Desde su creación en 2017 en Piloña, Fontoria ha destacado por una propuesta que fusiona folk asturiano y europeo, rock progresivo, música electrónica, elementos clásicos y vanguardistas, dando lugar a un lenguaje propio donde cada álbum funciona como un capítulo dentro de un universo narrativo en constante evolución.

Con Madremar, Fontoria no solo amplía su discurso artístico, sino que reafirma su identidad: un proyecto profundamente creativo, ambicioso y ajeno a las convenciones del mercado, que continúa construyendo, disco a disco, una de las obras más personales y extensas de la música contemporánea actual.

Escucha a Fontoria aquí

martes, marzo 31, 2026

WALLADA: EL SUEÑO DE UN POETA CORDOBÉS (2026, 5 LUNAS PRODUCCIONES)

Hay proyectos que nacen para ocupar una cartelera, y otros que nacen para quedarse suspendidos en el tiempo, como si no terminaran de encontrar su momento. Wallada: El Sueño de un Poeta Cordobés pertenece, sin duda, a los segundos. Estrenado en 2004 en los Jardines del Alcázar de Córdoba, en el marco del Festival de la Guitarra, aquel gran montaje multidisciplinar no fue simplemente un musical: fue una intuición artística de José María de la Quintana y Javier García-Pelayo adelantada a su época, un intento honesto, emocional y profundamente andaluz, de convertir el lenguaje del rock en relato escénico. Aquel día, el rock andaluz se convirtió en Historia, con mayúsculas.

La historia elegida no podía ser otra. Wallada bint al-Mustakfi, poeta libre en la Córdoba del siglo XI, y su relación con Ibn Zaydún, ofrecían todos los ingredientes: amor, conflicto, belleza, caída. Pero lo que diferenciaba a Wallada de otras aproximaciones históricas era su manera de contar. Aquí no había reconstrucción académica ni recreación museística. Había emoción. Y esa emoción hablaba en un idioma muy concreto: el del rock andaluz.

Para entender el alcance de la propuesta, hay que detenerse en ese punto. El rock andaluz, representado, entre otros, por nombres como Triana, Alameda o Smash, no fue sólo un género musical: fue una forma de mirar el pasado desde la modernidad. Mezcló guitarras eléctricas con compases flamencos, sintetizadores con ecos de Al-Ándalus, y creó un sonido profundamente evocador, casi narrativo. Pero si hay una banda que consolidó ese lenguaje y lo llevó a una dimensión más emocional y accesible, esa es Medina Azahara. El estilo compositivo remite claramente a su sonido, convirtiendo a los Medina en una especie, si se me permite, de ADN musical del espectáculo.

Y es precisamente ahí donde Wallada encuentra su raíz más fértil. No como adaptación directa de miembros de la banda, ni como biografía encubierta, sino como prolongación natural de su universo sonoro y lírico. Algunos de los músicos implicados en la obra tenían vínculos con ese entorno, pero más allá de los nombres (gracias Miguel Galán, gracias Randy López), lo que importa es el espíritu. Las melodías, los desarrollos instrumentales, el uso de teclados envolventes, la forma de construir clímax emocionales… todo remite a esa tradición. Wallada no imita el rock andaluz: lo habita.

La gran diferencia es que aquí ese lenguaje deja de ser fragmentario. Donde el rock andaluz clásico, para entonces más memoria que presente, se expresaba en canciones independientes, el musical propone continuidad de una tradición. Aparecen motivos recurrentes asociados a personajes, transiciones musicales que sostienen la acción, una arquitectura dramática que convierte cada tema en parte de un todo. Es, en esencia, una ópera rock andaluza que, creo, nunca se definió como tal, pero que funciona exactamente bajo ese principio: música como narración, rock andaluz expandido hacia lo teatral, algo poco habitual.

El contexto también importa. Córdoba no es solo el escenario de la historia, sino su símbolo más potente. Es la ciudad de Wallada, sí, pero también la ciudad de la que surge Medina Azahara. Esa coincidencia convierte la obra en algo más que una evocación de un pasado esplendoroso o la idealización de la Córdoba califal: la transforma en un diálogo entre pasado y presente, entre memoria cultural y expresión contemporánea. No es casual que el musical insista en temas como la convivencia entre culturas, la tolerancia o la belleza compartida. Son los mismos temas que el rock andaluz ha trabajado durante décadas, solo que aquí se encarnan en personajes, en cuerpos, en escena.

Sin embargo, la ambición de Wallada fue también su mayor fragilidad. En una época en la que el rock andaluz ya no ocupaba el centro de la industria musical, pese a que sus músicos estaban en su mejor momento personal, apostar por una producción compleja, con danza, música en directo, escenografía audiovisual y un lenguaje híbrido, era un riesgo considerable. La obra, costosa y difícil de mantener en gira, aun con todo tuvo recorrido, con parada destacada en el teatro Apolo de Madrid, pero no logró consolidarse como fenómeno duradero. Quedó, más bien, en ese territorio difuso donde habitan las obras de culto: recordadas con intensidad por quienes las vivieron, pero ausentes del circuito habitual.

Y aun así, algo permaneció. Quizá porque el material de base, musical, histórico, emocional, tenía más profundidad de la que su contexto permitió desplegar. Quizá porque, en el fondo, Wallada no había terminado de decir todo lo que tenía que decir.

Por eso resulta especialmente significativo lo que ocurre en 2026 con la recuperación impulsada por el sueño andalusí de Juan Antonio Vergara, alma de 5 Lunas Producciones. No se trata de una simple reedición ni de un ejercicio de nostalgia. Lo que emerge ahora es una nueva escucha, una forma de reorganizar y presentar ese legado musical desde la perspectiva que da el tiempo. La producción respeta la esencia original del sonido, ese pulso entre lo sinfónico, lo flamenco y lo eléctrico, pero introduce una claridad, una limpieza y una nueva forma de respirar la música, fruto de un enorme trabajo de masterización que permite apreciar mejor sus matices, sus intenciones, su arquitectura interna. Es como si las canciones hubieran estado esperando este momento. 5 Lunas Producciones, ahora desde la distancia suficiente, logra que se entienda mejor lo que nos intentaban decir hace más de veinte años y que, a la vez, nos preguntemos si una música puede contar quiénes fuimos... y quiénes aún podríamos ser. En 2004 la pregunta quedó en el aire. En 2026, gracias a esta edición en CD y DVD, por fin empieza a escucharse la respuesta.

Y es que escuchar hoy Wallada es, en cierto modo, completar un círculo. Lo que en su nacimiento podía percibirse como una apuesta arriesgada, incluso desubicada, se revela ahora como una pieza coherente dentro de una tradición más amplia: la del rock andaluz entendido no sólo como música, sino como forma de narrar, de pensar y de recordar. La conexión con Medina Azahara, transformada y aumentada para la representación en Grupo Qúrtuba, deja de ser una referencia implícita para convertirse en una clave de lectura evidente.

Porque al final, lo que propone Wallada, y lo que 5 Lunas rescata con sensibilidad y enorme cariño, es algo sencillo y profundo a la vez: que la música puede ser memoria viva. Que una melodía puede evocar una ciudad, una época, una forma de amar. Y que, a veces, las obras no fracasan ni triunfan en su momento: simplemente esperan el tiempo necesario para ser escuchadas como merecen.

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domingo, febrero 22, 2026

PROGRESSIVE ROCK SIDE OF FIVE MOONS VOLUME 10 (2026, 5 LUNAS PRODUCCIONES)

Con Progressive Rock Side of Five Moons Volume 10 se cierra el ciclo… pero, ojo, no la historia. Este décimo volumen, dedicado como el anterior a los sabores inéditos, pone el broche a una etapa, sí, a ese primer gran arco que ha ido rescatando músicas y músicos desconocidos, directos imposibles y grabaciones que dormían el sueño de los justos. Pero desde la propia casa ya se ha dejado claro que la colección quiere, necesita, seguir viviendo: se retoma, se reformula si hace falta, y volverán nuevos volúmenes. Esto no es una despedida, es un punto y seguido con pausa solemne.

Lo que ha hecho 5 Lunas Producciones durante estos diez capítulos no tiene precedentes reales en nuestro país: arqueología progresiva sin postureo, sin canon impuesto y sin complejos. Y este Vol. 10 resume perfectamente esa filosofía.

El décimo viaje lo abren Cheeto’s Magazine, nuestros Spock’s Beard de Barcelona, que aquí no vienen a epatar con virtuosismo de escaparate, sino a mostrar una cara quizá menos visible: precisión técnica, sí, pero también ironía melódica y ese gusto por el cambio de dinámica que los distingue dentro del progresivo estatal más contemporáneo.

Después nos sorprenden desde los sublimes Alter Ego, desde Orereta e Iruña, con una de las mejores piezas de este nuevo volumen. Un lienzo musical que respira clasicismo setentero bien entendido sin oler a propuestas derivativas: desarrollos amplios, teclados con intención narrativa y guitarras que no viven por vivir, sino por construir sólidas propuestas.

El pulso cambia con el directo de los gaditanos Omni, que se mueven en terrenos más sinfónicos, más envolventes, gracias a su técnica y enorme pasión, jugando con texturas y tensiones contenidas en un ejercicio musical fluido y orgánico. Nada de fuegos artificiales gratuitos: aquí el viaje es interior para explotar en un caleidoscopio de emociones.

Entran luego Khorus, que con el tiempo derivarían en Bola, y, como buenos adelantados a su propio tiempo, su música empieza a ofrecer desafíos. Más músculo, más contundencia, con ese planteamiento directo y claro, pero enfocado en el gusto por la estructura compleja. Progresivo inquieto y lírico de unos músicos únicos en aquel momento, que no reniega de la potencia ni del filo progresivo ni del jazz rock más inquieto. Los sevillanos construyeron una de las catedrales progresivas más sólidas del momento, pero no se supo, o no se quiso, agradecer su resplandor seductor e innovador.

El golpe de Historia lo pone Iceberg, precisamente con “Històries”, tocado en directo en 1978. Palabras mayores. Su más que positiva presencia aquí funciona casi como recordatorio de lo que en este país hubo, y hay: músicos que podían mirar de tú a tú al jazz-rock europeo o mundial más exigente. Lo suyo no es nostalgia: es vigencia.

Y desde otro ángulo, otros históricos: Asturcón aportando raíz y carácter, uniendo tradición y electricidad con naturalidad, sin forzar el acento ni disfrazarlo. Los asturianos sólo publicaron un álbum homónimo en 1981 y, teniendo grabado el segundo, desafortunadamente ya nunca supimos de ellos. 5 Lunas Producciones rescata “Pensando en el futuro”, inédito del segundo trabajo que, ya puestos, se podría, de alguna manera editar para no olvidar el legado enorme del progresivo norteño.

La segunda mitad del recorrido abre con Moon Cluster, que juegan con climas más universales, más introspectivos, casi cinematográficos por momentos, aportando desarrollos embriagadores llenos de emoción y fluidez melódica. Este “Two legs of stone” se me antoja el preludio de un nuevo trabajo de los de Bilbo. Sonidos emersónicos, camelianos y floydianos surcan los más de 9 minutos de esta gloriosa composición.

Después, los melódicos marillionanos Numen se adentran en terrenos donde la música y la espiritualidad caminan juntas, con una construcción paciente que demuestra que el progresivo sigue siendo, ante todo, una cuestión de discurso musical.

La rareza con personalidad propia la trae unos, para mí, siempre sorprendentes Alquilbencil, agrupación inclasificable para una propuesta que no pretende encajar de manera fácil: riesgo, mezcla y ese punto de libertad que recuerda que la música progresiva nació para romper moldes, no para ser idolatrada ad perpetuam.

Y el cierre lo firma un inmensurable Javier Miranda, que nos desvela en “Season of good rain” de 2012, su mirada más personal, casi de autor, convirtiendo teclados y composición en síntesis de la técnica al servicio de la emoción.

El orden de los temas funciona como una línea temporal emocional más allá de lo puramente cronológico. Hay generaciones distintas, enfoques distintos, producciones desiguales. Y precisamente ahí está la verdad del asunto. Este volumen no intenta maquillar diferencias ni construir un relato homogéneo. Lo que hace es mostrar el ecosistema completo: desde nombres consolidados hasta proyectos casi secretos, todos unidos por la misma necesidad de crear sin pedir permiso. Y aunque parezca que este disco marca el final de una etapa perfectamente delimitada, no supone bajar la persiana. Al contrario: deja la puerta entreabierta. La colección seguirá, con nuevos rescates y nuevas lunas. Así que sí, se cierra este primer círculo numerológicamente mágico… pero el patrimonio pide paso.

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sábado, febrero 21, 2026

PROGRESSIVE ROCK SIDE OF FIVE MOONS, VOLUME 9 (2026, 5 LUNAS PRODUCCIONES)


Progressive Rock Side of Five Moons, Volume 9 es otro capítulo más en esa bendita locura que responde al nombre de 5 Lunas Producciones. Y no, no está aquí para inflar egos ni para arañar titulares en suplementos semanales de engañosos colores. Está para lo que casi nadie hace: rescatar una escena que, para la mayoría, directamente no existió. Esta serie se ha convertido, y no exagero, en la única iniciativa que se ha tomado en serio el rock progresivo español como trabajo arqueológico: cintas olvidadas, maquetas imposibles, grabaciones que dormían en cajones desde los setenta, los noventa o los dos mil. Aquí no hay éxitos ni clásicos de manual; hay música que, de no ser por este proyecto, seguiría perdida en la penumbra.

Cada volumen tiene su carácter y este noveno es el del rescate crudo. No ya de nombres, que también, sino de músicas que jamás salieron del círculo más cercano a quienes las parieron. Sueños grabados en cuatro pistas, proyectos que no encontraron hueco, ilusiones que se quedaron a mitad de camino. Y, sin embargo, cada tema funciona como un puente tendido entre generaciones. El resultado es un mosaico orgánico, a veces sin pulir, pero honesto hasta la médula: una aventura desnuda, sin maquillaje, lista para quien quiera entrar sin prejuicios.

El arranque lo firma Eric Baule con “Grateful essence’s tale”, y vaya manera de empezar: guitarra que dibuja épica mediterránea, desarrollo fluido, arreglos complejos y melodías que se expanden sin pedir permiso. Pasión, mucha pasión, pero con cabeza.

Después aparecen los Bola Banda Electrónica con “El baile de los electrones”, rescatados también el año pasado por 5 Lunas, que funciona como una metáfora de Tangerine Dream sureño jugando a Kraftwerk con instrumentos casi primigenios. Aquí la originalidad pesa más que la tecnología, y eso se nota... y se agradece.

Una de las joyas del disco es “The limpid green”, del asturiano Jesús Muñoz, auténtico artesano de la guitarra y los sonidos progresivos. Se encarga de todo y lo hace con una naturalidad que asusta: ensoñación, optimismo y sensibilidad. Un adorable e injusto desconocido que en otro país sería considerado uno de los dioses de la eléctrica.

Desde Barcelona, Fireplace te embauca con ese rock progresivo teñido de elementos teatrales y folclóricos que dirigen descaradamente su música hacia el Canterbury de mayor calidad como si hubiesen nacido en la medieval ciudad del sur de Inglaterra. El título, “Apple Smell Colour” es una clara referencia el grupo que montarían más tarde los líderes Lluis Barceló y Uri Mas. Exquisita elegancia sin necesidad de alardes.

No recompuestos de la maravilla lírica de Fireplace, entran a tumba abierta los jerezanos Metáfora, origen de Onza, y dirigidos con fuerza, pasión e inteligencia compositiva por el maestro de la guitarra eléctrica Jaime Padilla. El universo sonoro de este gaditano mediterráneo es tan poderoso que sabe transmitir como pocos músicos alma y fuerza: la emoción y la potencia narrativa surca cada segundo del instrumental “En el campo de batalla”, uno de los temas claves de este noveno volumen.

Miguel Ángel Fernández Pérez, alma de Música Invisible y multiinstrumentista burgalés, aporta “Referencias”, una tormenta de teclados, guiños evidentes a Emerson y Wakeman, y un detalle emotivo hacia ABWH que deja claro de dónde vienen sus devociones.

También escuchamos con deleite a los primeros Bloque, todavía sin Juanjo Respuela, con la maqueta de 1975 “Volver a sentir”. No es el Bloque refinado que luego conoceríamos, pero sí el embrión: músculo en crudo, poesía incipiente y potencial a punto de estallar desde Torrelavega.

Entran Éxodo (1977) y la cosa se pone más interesante: se intuye la raíz andaluza, sí, pero se escapa del tópico y se mete en terrenos más jazz-rock, más libres, menos previsibles. Enormes estos curtidos boquerones que te impactan tanto con Genesis como con King Crimson o los primeros Tabletom. Únicos.

Cuando crees que el mapa ya está trazado, Soma Planet (2003) irrumpe con improvisación, experimentación y estructuras menos dóciles, recordando que el progresivo no es solo sinfonismo de capa y espada, sino un concepto que progresa nota a nota.

Cierran Xoldra, desde la eterna Galicia, con “Repique” aportando ese aire con raíz folk, basado en guitarras que dialogan sin prisas y un aroma que huele más a honestidad que cualquier virtuosismo vacío.

El conjunto, evidentemente, no funciona ni funcionará como un “grandes éxitos”, sino como mapa fragmentado de intentos, búsquedas y momentos concretos congelados en el abismo del Tiempo inexorable. Hay irregularidad, claro. Hay diferencias de producción, de época, de ambición. Pero precisamente ahí está la gracia: en que no intenta disfrazar nada. Este volumen, ni ninguno de los anteriores, no pretende imponerte una versión oficial del progresivo patrio, sino enseñarte sus costuras, sus ramificaciones y sus caminos secundarios. Y si te gusta escarbar en los márgenes, estas glosas te harán disfrutar eternamente.

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