domingo, febrero 22, 2026

PROGRESSIVE ROCK SIDE OF FIVE MOONS VOLUME 10 (2026, 5 LUNAS PRODUCCIONES)

Con Progressive Rock Side of Five Moons Volume 10 se cierra el ciclo… pero, ojo, no la historia. Este décimo volumen, dedicado como el anterior a los sabores inéditos, pone el broche a una etapa, sí, a ese primer gran arco que ha ido rescatando músicas y músicos desconocidos, directos imposibles y grabaciones que dormían el sueño de los justos. Pero desde la propia casa ya se ha dejado claro que la colección quiere, necesita, seguir viviendo: se retoma, se reformula si hace falta, y volverán nuevos volúmenes. Esto no es una despedida, es un punto y seguido con pausa solemne.

Lo que ha hecho 5 Lunas Producciones durante estos diez capítulos no tiene precedentes reales en nuestro país: arqueología progresiva sin postureo, sin canon impuesto y sin complejos. Y este Vol. 10 resume perfectamente esa filosofía.

El décimo viaje lo abren Cheeto’s Magazine, nuestros Spock’s Beard de Barcelona, que aquí no vienen a epatar con virtuosismo de escaparate, sino a mostrar una cara quizá menos visible: precisión técnica, sí, pero también ironía melódica y ese gusto por el cambio de dinámica que los distingue dentro del progresivo estatal más contemporáneo.

Después nos sorprenden desde los sublimes Alter Ego, desde Orereta e Iruña, con una de las mejores piezas de este nuevo volumen. Un lienzo musical que respira clasicismo setentero bien entendido sin oler a propuestas derivativas: desarrollos amplios, teclados con intención narrativa y guitarras que no viven por vivir, sino por construir sólidas propuestas.

El pulso cambia con el directo de los gaditanos Omni, que se mueven en terrenos más sinfónicos, más envolventes, gracias a su técnica y enorme pasión, jugando con texturas y tensiones contenidas en un ejercicio musical fluido y orgánico. Nada de fuegos artificiales gratuitos: aquí el viaje es interior para explotar en un caleidoscopio de emociones.

Entran luego Khorus, que con el tiempo derivarían en Bola, y, como buenos adelantados a su propio tiempo, su música empieza a ofrecer desafíos. Más músculo, más contundencia, con ese planteamiento directo y claro, pero enfocado en el gusto por la estructura compleja. Progresivo inquieto y lírico de unos músicos únicos en aquel momento, que no reniega de la potencia ni del filo progresivo ni del jazz rock más inquieto. Los sevillanos construyeron una de las catedrales progresivas más sólidas del momento, pero no se supo, o no se quiso, agradecer su resplandor seductor e innovador.

El golpe de Historia lo pone Iceberg, precisamente con “Històries”, tocado en directo en 1978. Palabras mayores. Su más que positiva presencia aquí funciona casi como recordatorio de lo que en este país hubo, y hay: músicos que podían mirar de tú a tú al jazz-rock europeo o mundial más exigente. Lo suyo no es nostalgia: es vigencia.

Y desde otro ángulo, otros históricos: Asturcón aportando raíz y carácter, uniendo tradición y electricidad con naturalidad, sin forzar el acento ni disfrazarlo. Los asturianos sólo publicaron un álbum homónimo en 1981 y, teniendo grabado el segundo, desafortunadamente ya nunca supimos de ellos. 5 Lunas Producciones rescata “Pensando en el futuro”, inédito del segundo trabajo que, ya puestos, se podría, de alguna manera editar para no olvidar el legado enorme del progresivo norteño.

La segunda mitad del recorrido abre con Moon Cluster, que juegan con climas más universales, más introspectivos, casi cinematográficos por momentos, aportando desarrollos embriagadores llenos de emoción y fluidez melódica. Este “Two legs of stone” se me antoja el preludio de un nuevo trabajo de los de Bilbo. Sonidos emersónicos, camelianos y floydianos surcan los más de 9 minutos de esta gloriosa composición.

Después, los melódicos marillionanos Numen se adentran en terrenos donde la música y la espiritualidad caminan juntas, con una construcción paciente que demuestra que el progresivo sigue siendo, ante todo, una cuestión de discurso musical.

La rareza con personalidad propia la trae unos, para mí, siempre sorprendentes Alquilbencil, agrupación inclasificable para una propuesta que no pretende encajar de manera fácil: riesgo, mezcla y ese punto de libertad que recuerda que la música progresiva nació para romper moldes, no para ser idolatrada ad perpetuam.

Y el cierre lo firma un inmensurable Javier Miranda, que nos desvela en “Season of good rain” de 2012, su mirada más personal, casi de autor, convirtiendo teclados y composición en síntesis de la técnica al servicio de la emoción.

El orden de los temas funciona como una línea temporal emocional más allá de lo puramente cronológico. Hay generaciones distintas, enfoques distintos, producciones desiguales. Y precisamente ahí está la verdad del asunto. Este volumen no intenta maquillar diferencias ni construir un relato homogéneo. Lo que hace es mostrar el ecosistema completo: desde nombres consolidados hasta proyectos casi secretos, todos unidos por la misma necesidad de crear sin pedir permiso. Y aunque parezca que este disco marca el final de una etapa perfectamente delimitada, no supone bajar la persiana. Al contrario: deja la puerta entreabierta. La colección seguirá, con nuevos rescates y nuevas lunas. Así que sí, se cierra este primer círculo numerológicamente mágico… pero el patrimonio pide paso.

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sábado, febrero 21, 2026

PROGRESSIVE ROCK SIDE OF FIVE MOONS, VOLUME 9 (2026, 5 LUNAS PRODUCCIONES)


Progressive Rock Side of Five Moons, Volume 9 es otro capítulo más en esa bendita locura que responde al nombre de 5 Lunas Producciones. Y no, no está aquí para inflar egos ni para arañar titulares en suplementos semanales de engañosos colores. Está para lo que casi nadie hace: rescatar una escena que, para la mayoría, directamente no existió. Esta serie se ha convertido, y no exagero, en la única iniciativa que se ha tomado en serio el rock progresivo español como trabajo arqueológico: cintas olvidadas, maquetas imposibles, grabaciones que dormían en cajones desde los setenta, los noventa o los dos mil. Aquí no hay éxitos ni clásicos de manual; hay música que, de no ser por este proyecto, seguiría perdida en la penumbra.

Cada volumen tiene su carácter y este noveno es el del rescate crudo. No ya de nombres, que también, sino de músicas que jamás salieron del círculo más cercano a quienes las parieron. Sueños grabados en cuatro pistas, proyectos que no encontraron hueco, ilusiones que se quedaron a mitad de camino. Y, sin embargo, cada tema funciona como un puente tendido entre generaciones. El resultado es un mosaico orgánico, a veces sin pulir, pero honesto hasta la médula: una aventura desnuda, sin maquillaje, lista para quien quiera entrar sin prejuicios.

El arranque lo firma Eric Baule con “Grateful essence’s tale”, y vaya manera de empezar: guitarra que dibuja épica mediterránea, desarrollo fluido, arreglos complejos y melodías que se expanden sin pedir permiso. Pasión, mucha pasión, pero con cabeza.

Después aparecen los Bola Banda Electrónica con “El baile de los electrones”, rescatados también el año pasado por 5 Lunas, que funciona como una metáfora de Tangerine Dream sureño jugando a Kraftwerk con instrumentos casi primigenios. Aquí la originalidad pesa más que la tecnología, y eso se nota... y se agradece.

Una de las joyas del disco es “The limpid green”, del asturiano Jesús Muñoz, auténtico artesano de la guitarra y los sonidos progresivos. Se encarga de todo y lo hace con una naturalidad que asusta: ensoñación, optimismo y sensibilidad. Un adorable e injusto desconocido que en otro país sería considerado uno de los dioses de la eléctrica.

Desde Barcelona, Fireplace te embauca con ese rock progresivo teñido de elementos teatrales y folclóricos que dirigen descaradamente su música hacia el Canterbury de mayor calidad como si hubiesen nacido en la medieval ciudad del sur de Inglaterra. El título, “Apple Smell Colour” es una clara referencia el grupo que montarían más tarde los líderes Lluis Barceló y Uri Mas. Exquisita elegancia sin necesidad de alardes.

No recompuestos de la maravilla lírica de Fireplace, entran a tumba abierta los jerezanos Metáfora, origen de Onza, y dirigidos con fuerza, pasión e inteligencia compositiva por el maestro de la guitarra eléctrica Jaime Padilla. El universo sonoro de este gaditano mediterráneo es tan poderoso que sabe transmitir como pocos músicos alma y fuerza: la emoción y la potencia narrativa surca cada segundo del instrumental “En el campo de batalla”, uno de los temas claves de este noveno volumen.

Miguel Ángel Fernández Pérez, alma de Música Invisible y multiinstrumentista burgalés, aporta “Referencias”, una tormenta de teclados, guiños evidentes a Emerson y Wakeman, y un detalle emotivo hacia ABWH que deja claro de dónde vienen sus devociones.

También escuchamos con deleite a los primeros Bloque, todavía sin Juanjo Respuela, con la maqueta de 1975 “Volver a sentir”. No es el Bloque refinado que luego conoceríamos, pero sí el embrión: músculo en crudo, poesía incipiente y potencial a punto de estallar desde Torrelavega.

Entran Éxodo (1977) y la cosa se pone más interesante: se intuye la raíz andaluza, sí, pero se escapa del tópico y se mete en terrenos más jazz-rock, más libres, menos previsibles. Enormes estos curtidos boquerones que te impactan tanto con Genesis como con King Crimson o los primeros Tabletom. Únicos.

Cuando crees que el mapa ya está trazado, Soma Planet (2003) irrumpe con improvisación, experimentación y estructuras menos dóciles, recordando que el progresivo no es solo sinfonismo de capa y espada, sino un concepto que progresa nota a nota.

Cierran Xoldra, desde la eterna Galicia, con “Repique” aportando ese aire con raíz folk, basado en guitarras que dialogan sin prisas y un aroma que huele más a honestidad que cualquier virtuosismo vacío.

El conjunto, evidentemente, no funciona ni funcionará como un “grandes éxitos”, sino como mapa fragmentado de intentos, búsquedas y momentos concretos congelados en el abismo del Tiempo inexorable. Hay irregularidad, claro. Hay diferencias de producción, de época, de ambición. Pero precisamente ahí está la gracia: en que no intenta disfrazar nada. Este volumen, ni ninguno de los anteriores, no pretende imponerte una versión oficial del progresivo patrio, sino enseñarte sus costuras, sus ramificaciones y sus caminos secundarios. Y si te gusta escarbar en los márgenes, estas glosas te harán disfrutar eternamente.

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viernes, enero 30, 2026

STERN MEISSEN: REISE ZUM MITTELPUNKT DES MENSCHEN (1980)

Reise zum Mittelpunkt des Menschen representa uno de los momentos más sólidos y coherentes del periodo progresivo de Stern Meißen, justo antes de que el grupo comenzara a orientarse hacia fórmulas más accesibles. Concebido como una obra de carácter casi conceptual, el álbum propone un recorrido introspectivo más emocional que argumental, donde cada pieza parece funcionar como una estación dentro de un viaje interior. Desde los primeros compases queda claro que no se trata de un disco de canciones al uso, sino de una estructura pensada para escucharse como un todo, con un desarrollo pausado y un clima marcadamente reflexivo.

El elemento central del álbum es el trabajo de teclados, que domina completamente el paisaje sonoro. Órgano Hammond, Moog y sintetizadores analógicos construyen capas densas y envolventes, mientras la guitarra queda relegada a un papel modesto. Esta elección sitúa al disco dentro de la tradición del rock progresivo europeo, con claras afinidades con el sonido de Emerson, Lake & Palmer, aunque sin recurrir al virtuosismo excesivo. En algunos pasajes, las texturas electrónicas adoptan un carácter casi contemplativo, evocando atmósferas cercanas a la música ambiental, con un uso del sintetizador más orientado a crear espacios que a exhibir técnica.

Las voces, interpretadas en alemán, aparecen de forma contenida y funcional, integradas como un elemento más dentro del entramado instrumental. No buscan protagonismo ni melodías inmediatas, sino reforzar el carácter introspectivo del conjunto. Esta sobriedad vocal contribuye a que el álbum se aleje claramente del pop rock y se afiance como una obra de rock progresivo en sentido estricto, donde la música guía el discurso y la narrativa se sugiere más que se explica.

En retrospectiva, Reise zum Mittelpunkt des Menschen puede considerarse una de las obras más representativas del progresivo desarrollado en la antigua Alemania Oriental. Sin alcanzar la espectacularidad de otros clásicos del género, el disco destaca por su coherencia interna, su cuidada construcción sonora y su enfoque conceptual. Es un trabajo que exige escucha atenta y paciente, pero que recompensa con una experiencia densa y bien articulada, situándose como un cierre digno para la etapa más ambiciosa de Stern Meißen dentro del rock sinfónico europeo.

miércoles, enero 28, 2026

DUNE: LE CHIEN DES DUNES (1980)

Le Chien des Dunes es un disco grabado y editado en Francia por Dune, un grupo prácticamente invisible fuera de los circuitos locales y de los archivos más pacientes del rock francés. Publicado de manera discreta y sin respaldo industrial, el álbum responde a ese contexto tan habitual en la Europa de finales de los 70 y primeros 80: músicos con formación, ideas y ambición suficiente para ir más allá de la canción estándar, pero sin apoyo para sostener una carrera larga. No hay aquí cálculo ni mercado; hay necesidad de dejar constancia, de fijar en soporte una música que nacía de las entrañas y que, de no haberse grabado, se habría perdido por desgracia.

Musicalmente el disco se mueve entre el folk rock y una querencia clara por lo progresivo y lo psicodélico, con guitarras y más que excelentes arreglos a los teclados intentando salirse del molde amable del folk tradicional francés. A ratos se declara firmemente esa curiosidad progresiva tan europea de los setenta, esa búsqueda de equilibrio entre melodía y desarrollo, entre estructura y viaje, aunque no defina su resultado final como rock progesivo. No es un disco redondo ni especialmente brillante, pero respira honestidad y suena a grupo encerrado en un estudio modesto, probando cosas, equivocándose y volviendo a intentarlo sin miedo a que aquello no encaje en ninguna etiqueta clara.

Y ahí está tanto su gracia como su límite. Le Chien des Dunes funciona tan bien como intento que como resultado cerrado. Las maravillosas voces y las composiciones transmiten esa sensación de libertad contractual, sin preocuparse demasiado por dónde caerán cuando alguien las escuche años después. El problema es que, en muchos momentos, el disco se queda en una tierra de nadie: no termina de ser progresivo ni tampoco se instala del todo en la psicodelia. Se intuye un aura más grande detrás, pero no acaba de materializarse.

Se podría decir, con toda seguridad, que es de esos discos que no reclaman atención, pero la devuelven con intereses cuando alguien se toma la molestia de escucharlos. Su sitio está entre los que investigan y se deleitan, en las conversaciones de quienes rebuscan en el rock francés más allá de los nombres de siempre. Le Chien des Dunes tiene sentido como testimonio, como prueba de que el rock también se construyó lejos de las revistas, las modas y los focos, por gente que grababa porque necesitaba mostrar su belleza artística. No todo fueron los grandes tótems; también hubo grupos que intentaban cruzar las sombras de los umbrales como Dune, dejando un rastro hermoso antes de que el viento se lo llevase.

martes, enero 27, 2026

ALL & NOTHING: PIONEROS DEL ROCK ANDALUZ (2019)

Esta colección que amalgama como bien dice su título, rarezas e inéditos, amén de temas publicados oficialmente no es un disco para poner y disfrutar sin pensar: es un documento, casi una excavación arqueológica, de cuando en este país hacer rock con acento propio era poco menos que jugarse el tipo. De la confluencia de grupos como Los X-5, Los Lentos, Los Relámpagos, Los Búhos o Los Flexos, donde estuvo también el futuro Triana Eduardo Rodway, el nombre elegido no fue casualidad ni pose intelectual: “Todo y Nada” define perfectamente lo que fue este proyecto, una apuesta total por algo que todavía no existía, cuando el rock en español y andaluz era poco más que una intuición y muchas ganas. Aquí no hay mito construido a posteriori, hay intento, con todo lo que eso implica: aciertos, errores y callejones sin salida.

El disco recoge materiales grabados entre 1965 y 1971 por formaciones distintas, músicos que entran y salen, ideas que se prueban y se abandonan. En la cara A aparecen temas más cercanos al pop-rock progresivo y psicodélico del momento, con “Underground vibrations n.º 2”, un tema nacido en la segunda mitad de los sesenta, pero no publicado hasta 1970, marcando territorio: bajo de Tony Aguilar protagonista, teclados de un gran Félix Sierra con efectos y desarrollo progresivo cuando aquí casi nadie hablaba ese idioma. “Snobismo” y “Seven o’clock” cumplen, pero es “Tarantos” el que pone un lugar en el mapa: guitarras eléctricas y flamenca, palmas (se habla de Camarón), flauta (con Juan Jiménez de Pekenikes), ritmos aflamencados y una voz de Juan Antonio Pueyo (Los Núcleos) que ya apunta claramente a otra cosa. Ahí sí se puede hablar, sin trampas, de pioneros del rock andaluz, no por lo acabado del resultado, sino por la idea y el riesgo.

La cara B es todavía más reveladora, porque muestra el laboratorio. Versiones instrumentales, temas sencillos, muchos de ellos bailables, estructuras repetitivas y grabaciones a las que décadas después se les han añadido guitarras, de la mano de Tomás Vega (Grimm, Vega), y teclados para resaltar lo que entonces apenas se insinuaba. No todo funciona, ni falta que hace: aquí se escucha cómo se busca una identidad, cómo se tantea la mezcla entre rock y raíces sin tener aún las herramientas ni el contexto. “Tani”, con el gran Nono Ábalos (Simun),  se desenvuelve como copla pop aflamencada versionada y con letra, y vuelve a aparecer como eje musical del grupo, primero como ese sabor de sala de baile y luego como idea embrionaria de lo que vendría después. No es brillante, pero es honesta, y eso pesa más cuando se habla de historia. 

El último tramo del disco, ya con otra formación, que llega a incluir a Jorge W. García Banegas (ex Psiglo y futuro Asfalto)  apunta más claramente al embrionario flamenco rock progresivo que cristalizaría después en otros nombres más conocidos. Guitarras más elaboradas, palmas integradas, quejío, jaleo, voces más andaluzas y desarrollos que ya no parecen casuales. Y, como tantas veces en este país, problemas con el sello discográfico, cambios de formaciones, la puta mili, abandonos y el proyecto se diluye antes de cuajar del todo y José Luis Álvarez, crítico y periodista e ideólogo del grupo, da por finalizada la aventura. All and Nothing acaba siendo eso: todo y nada al mismo tiempo, la crónica de algo que pudo ser y no fue, pero que sin existir del todo abrió camino. Un disco para coleccionistas, sí, pero sobre todo para entender que el rock andaluz no nació de la nada: nació de intentos como este, hechos a contracorriente y arriesgando. Luego vendrán los nombres grandes; aquí está el barro.

lunes, enero 26, 2026

THE FLOWER KINGS: THE SUM OF NO EVIL (2007)

Aquí tenemos a The Flower Kings sacando pecho con The Sum of No Evil. Estos suecos llevan años haciendo música que podría sonar a Yes con esteroides clásicos y cerebración nórdica expansiva, y en este álbum lo hacen sin pedir permiso, con riffs generosos, teclados que se creen planetas y estructuras que no caben en playlists de tres minutos.

La cosa no es elegante por accidente: cada segundo es una declaración de principios. Aquí no hay himnos pop vacuos ni ganchos para radio fórmulas; hay capítulos enteros, desarrollos largos, paciencia y una confianza absoluta en que el oyente no es ignorante. Canciones que se estiran como si quisieran hablar contigo, armonías que parecen novelas y solos de guitarra que se recrean sin ahorrar espacios. Rock progresivo sin complejos, sin abreviaturas y sin pedir perdón por durar lo que dura.

Y ojo, porque esto no es nostalgia barata ni disfraz setentero. The Sum of No Evil no juega a volver a los 70, sino a demostrar que el lenguaje del progresivo clásico sigue vivo si se usa con convicción. Hay ecos de Yes, Camel o Genesis, claro, pero no como copia servil sino como tradición asumida, como quien habla un idioma antiguo sin acento impostado. Aquí se nota que hay músicos que creen de verdad en este formato y no lo usan como coartada estética. Flower Kings usan el ADN del progresivo setentero como lenguaje propio, con naturalidad.

¿Y por qué esto no sale en los medios generalistas ni en las listas de lo “relevante”? Porque el relato oficial del rock decidió hace tiempo que el progresivo era un error juvenil que había que superar. The Sum of No Evil demuestra justo lo contrario: que el progresivo no murió, simplemente se fue a vivir lejos del ruido, creciendo a su aire. Luego vendrán los de siempre a hablar de riesgo artístico con un sencillo de tres minutos. Luego nos hablarán de evolución.

domingo, enero 25, 2026

RICK WAKEMAN: YESSONATA (2024)

Yessonata es Rick Wakeman mirando su propio camino con calma y profundidad, sentándose al piano para contar su historia sin prisas ni artificios.

En la primera parte enlaza melodías y motivos de Yes de forma natural, como recuerdos que aparecen, se transforman y siguen adelante, sin sonar a cita fácil ni a medley nostálgico. Todo fluye como una sola idea, coherente y muy expresiva.

En la segunda parte recupera el universo King Arthur, con una revisión serena, reflexiva y muy elegante de uno de sus grandes trabajos en solitario, más introspectiva y con aire casi confesional. El Steinway suena cálido, cercano, y deja claro que aquí la técnica está al servicio de la música, no al revés. Wakeman no quiere deslumbrar, quiere contar algo, y lo hace con claridad y oficio.

Un trabajo reposado, muy consciente de su legado, que mira atrás sin quedarse anclado y demuestra que revivir el pasado también puede ser una forma honesta de seguir avanzando.