Aquí tenemos a The Flower Kings sacando pecho con The Sum of No Evil. Estos suecos llevan años haciendo música que podría sonar a Yes con esteroides clásicos y cerebración nórdica expansiva, y en este álbum lo hacen sin pedir permiso, con riffs generosos, teclados que se creen planetas y estructuras que no caben en playlists de tres minutos.
La cosa no es elegante por accidente: cada segundo es una declaración de principios. Aquí no hay himnos pop vacuos ni ganchos para radio fórmulas; hay capítulos enteros, desarrollos largos, paciencia y una confianza absoluta en que el oyente no es ignorante. Canciones que se estiran como si quisieran hablar contigo, armonías que parecen novelas y solos de guitarra que se recrean sin ahorrar espacios. Rock progresivo sin complejos, sin abreviaturas y sin pedir perdón por durar lo que dura.
Y ojo, porque esto no es nostalgia barata ni disfraz setentero. The Sum of No Evil no juega a volver a los 70, sino a demostrar que el lenguaje del progresivo clásico sigue vivo si se usa con convicción. Hay ecos de Yes, Camel o Genesis, claro, pero no como copia servil sino como tradición asumida, como quien habla un idioma antiguo sin acento impostado. Aquí se nota que hay músicos que creen de verdad en este formato y no lo usan como coartada estética. Flower Kings usan el ADN del progresivo setentero como lenguaje propio, con naturalidad.
¿Y por qué esto no sale en los medios generalistas ni en las listas de lo “relevante”? Porque el relato oficial del rock decidió hace tiempo que el progresivo era un error juvenil que había que superar. The Sum of No Evil demuestra justo lo contrario: que el progresivo no murió, simplemente se fue a vivir lejos del ruido, creciendo a su aire. Luego vendrán los de siempre a hablar de riesgo artístico con un sencillo de tres minutos. Luego nos hablarán de evolución.

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