martes, enero 27, 2026

ALL & NOTHING: PIONEROS DEL ROCK ANDALUZ (2019)

Esta colección que amalgama como bien dice su título, rarezas e inéditos, amén de temas publicados oficialmente no es un disco para poner y disfrutar sin pensar: es un documento, casi una excavación arqueológica, de cuando en este país hacer rock con acento propio era poco menos que jugarse el tipo. De la confluencia de grupos como Los X-5, Los Lentos, Los Relámpagos, Los Búhos o Los Flexos, donde estuvo también el futuro Triana Eduardo Rodway, el nombre elegido no fue casualidad ni pose intelectual: “Todo y Nada” define perfectamente lo que fue este proyecto, una apuesta total por algo que todavía no existía, cuando el rock en español y andaluz era poco más que una intuición y muchas ganas. Aquí no hay mito construido a posteriori, hay intento, con todo lo que eso implica: aciertos, errores y callejones sin salida.

El disco recoge materiales grabados entre 1965 y 1971 por formaciones distintas, músicos que entran y salen, ideas que se prueban y se abandonan. En la cara A aparecen temas más cercanos al pop-rock progresivo y psicodélico del momento, con “Underground vibrations n.º 2”, un tema nacido en la segunda mitad de los sesenta, pero no publicado hasta 1970, marcando territorio: bajo de Tony Aguilar protagonista, teclados de un gran Félix Sierra con efectos y desarrollo progresivo cuando aquí casi nadie hablaba ese idioma. “Snobismo” y “Seven o’clock” cumplen, pero es “Tarantos” el que pone un lugar en el mapa: guitarras eléctricas y flamenca, palmas (se habla de Camarón), flauta (con Juan Jiménez de Pekenikes), ritmos aflamencados y una voz de Juan Antonio Pueyo (Los Núcleos) que ya apunta claramente a otra cosa. Ahí sí se puede hablar, sin trampas, de pioneros del rock andaluz, no por lo acabado del resultado, sino por la idea y el riesgo.

La cara B es todavía más reveladora, porque muestra el laboratorio. Versiones instrumentales, temas sencillos, muchos de ellos bailables, estructuras repetitivas y grabaciones a las que décadas después se les han añadido guitarras, de la mano de Tomás Vega (Grimm, Vega), y teclados para resaltar lo que entonces apenas se insinuaba. No todo funciona, ni falta que hace: aquí se escucha cómo se busca una identidad, cómo se tantea la mezcla entre rock y raíces sin tener aún las herramientas ni el contexto. “Tani”, con el gran Nono Ábalos (Simun),  se desenvuelve como copla pop aflamencada versionada y con letra, y vuelve a aparecer como eje musical del grupo, primero como ese sabor de sala de baile y luego como idea embrionaria de lo que vendría después. No es brillante, pero es honesta, y eso pesa más cuando se habla de historia. 

El último tramo del disco, ya con otra formación, que llega a incluir a Jorge W. García Banegas (ex Psiglo y futuro Asfalto)  apunta más claramente al embrionario flamenco rock progresivo que cristalizaría después en otros nombres más conocidos. Guitarras más elaboradas, palmas integradas, quejío, jaleo, voces más andaluzas y desarrollos que ya no parecen casuales. Y, como tantas veces en este país, problemas con el sello discográfico, cambios de formaciones, la puta mili, abandonos y el proyecto se diluye antes de cuajar del todo y José Luis Álvarez, crítico y periodista e ideólogo del grupo, da por finalizada la aventura. All and Nothing acaba siendo eso: todo y nada al mismo tiempo, la crónica de algo que pudo ser y no fue, pero que sin existir del todo abrió camino. Un disco para coleccionistas, sí, pero sobre todo para entender que el rock andaluz no nació de la nada: nació de intentos como este, hechos a contracorriente y arriesgando. Luego vendrán los nombres grandes; aquí está el barro.

lunes, enero 26, 2026

THE FLOWER KINGS: THE SUM OF NO EVIL (2007)

Aquí tenemos a The Flower Kings sacando pecho con The Sum of No Evil. Estos suecos llevan años haciendo música que podría sonar a Yes con esteroides clásicos y cerebración nórdica expansiva, y en este álbum lo hacen sin pedir permiso, con riffs generosos, teclados que se creen planetas y estructuras que no caben en playlists de tres minutos.

La cosa no es elegante por accidente: cada segundo es una declaración de principios. Aquí no hay himnos pop vacuos ni ganchos para radio fórmulas; hay capítulos enteros, desarrollos largos, paciencia y una confianza absoluta en que el oyente no es ignorante. Canciones que se estiran como si quisieran hablar contigo, armonías que parecen novelas y solos de guitarra que se recrean sin ahorrar espacios. Rock progresivo sin complejos, sin abreviaturas y sin pedir perdón por durar lo que dura.

Y ojo, porque esto no es nostalgia barata ni disfraz setentero. The Sum of No Evil no juega a volver a los 70, sino a demostrar que el lenguaje del progresivo clásico sigue vivo si se usa con convicción. Hay ecos de Yes, Camel o Genesis, claro, pero no como copia servil sino como tradición asumida, como quien habla un idioma antiguo sin acento impostado. Aquí se nota que hay músicos que creen de verdad en este formato y no lo usan como coartada estética. Flower Kings usan el ADN del progresivo setentero como lenguaje propio, con naturalidad.

¿Y por qué esto no sale en los medios generalistas ni en las listas de lo “relevante”? Porque el relato oficial del rock decidió hace tiempo que el progresivo era un error juvenil que había que superar. The Sum of No Evil demuestra justo lo contrario: que el progresivo no murió, simplemente se fue a vivir lejos del ruido, creciendo a su aire. Luego vendrán los de siempre a hablar de riesgo artístico con un sencillo de tres minutos. Luego nos hablarán de evolución.

domingo, enero 25, 2026

RICK WAKEMAN: YESSONATA (2024)

Yessonata es Rick Wakeman mirando su propio camino con calma y profundidad, sentándose al piano para contar su historia sin prisas ni artificios.

En la primera parte enlaza melodías y motivos de Yes de forma natural, como recuerdos que aparecen, se transforman y siguen adelante, sin sonar a cita fácil ni a medley nostálgico. Todo fluye como una sola idea, coherente y muy expresiva.

En la segunda parte recupera el universo King Arthur, con una revisión serena, reflexiva y muy elegante de uno de sus grandes trabajos en solitario, más introspectiva y con aire casi confesional. El Steinway suena cálido, cercano, y deja claro que aquí la técnica está al servicio de la música, no al revés. Wakeman no quiere deslumbrar, quiere contar algo, y lo hace con claridad y oficio.

Un trabajo reposado, muy consciente de su legado, que mira atrás sin quedarse anclado y demuestra que revivir el pasado también puede ser una forma honesta de seguir avanzando.

sábado, enero 24, 2026

PUBLIC FOOT THE ROMAN (1973)

Public Foot The Roman fue un LP único publicado en 1973 por una banda británica salida de Cambridge que tuvo la mala suerte de nacer en un año en el que el rock progresivo ya estaba copado por mastodontes. Portada de Hipgnosis, sello “respetable” detrás y, aun así, ni gloria ni posteridad, quedando como una de esas notas a pie de página que no se citan en las hagiografías oficiales del progresivo británico

Musicalmente el disco se definió en la época, y me parece muy acertada la consideración, como rock sinfofunk británico clásico y, yo añado, sin impostura: guitarras en diálogo a lo Wishbone Ash, teclados Hammond con querencia de unos Yes primerizos, algún ramalazo folk y un sentido melódico muy sólido. No inventan nada, pero tampoco copian con descaro; canciones como “Landowner” o “Decline and fall”, que abren y cierran el disco, muestran que había oficio, ideas y ganas de ir un poco más allá de la canción rock estándar.

La banda formaba parte de un selecto grupo de artistas (Flash, Mouse, Renaissance), contratados por Sovereign, una efímera etiqueta progresiva distribuida por EMI que operó desde principios de 1972 hasta mediados de 1974. ¿Entonces qué falló? Lo de siempre: el contexto y el momento. Publicar un debut así en un saturado 1973, año de monstruos discográficos progresivos, era como llegar a la fiesta cuando ya están recogiendo los vasos. El disco quedó enterrado entre lanzamientos históricos y la banda acabó mutando en otro proyecto, The Movies, como tantos grupos progresivos que no sobrevivieron en la década dorada.

En resumen: un disco honesto, bien tocado y con personalidad, que no es una obra maestra ni falta que le hace. De esos que hoy sirven para recordar que la historia del rock no la escribieron solo los cuatro nombres de siempre, sino también estos secundarios de lujo a los que el relato oficial dejó tirados en la cuneta. Y luego nos hablarán de mérito y libertad artística con la boca llena.

FIREHORSE: ON THE WIND (1980)


On the Wind es uno de esos discos que aparecen cuando el progresivo alemán ya había pasado su mejor momento, pero aún quedaban músicos con ganas de tocar sin mirar el reloj. Firehorse fue, en la práctica, una especie de supergrupo, con gente curtida en la variada escena musical alemana y con algún miembro que venía de Eloy, y eso se nota desde el minuto uno: aquí hay oficio, tablas y un conocimiento claro de cómo construir temas extensos sin que se caigan a pedazos. 

Musicalmente, el disco tira por un rock progresivo bastante serio, con teclados y guitarras trabajando los climas, muy en la línea de ese krautrock progresivo que prefería el desarrollo a la pirotecnia. Instrumentalmente funciona mejor de lo que suele recordarse: hay pasajes atmosféricos logrados, buenos cambios y una sensación constante de estar ante músicos que saben exactamente lo que están haciendo, sin improvisar ni ir de iluminados.

Ahora bien, para mí el gran problema del disco está claro: la voz. No porque esté mal cantada, sino porque sobra. Intenta colocarse en un registro solemne, mirando de reojo a Frumpy o Atlantis, buscando esa épica vocal… y lo que consigue es aplanar bastante el conjunto. Cada vez que la música empieza a coger vuelo, entra la voz y lo baja todo a un terreno más convencional, menos sugerente.

Con todo, On the Wind no es ni un clásico oculto ni un disco fallido. Es un buen disco al que le falta saber cuándo callarse. Si hubiera sido más instrumental, o si la voz hubiera estado tratada como un elemento más y no queriendo ser protagonista, hoy estaríamos hablando de otra cosa. Aun así, merece escucharse, sobre todo si te interesa esa zona intermedia del prog alemán donde no todo fue Grobschnitt o Eloy, pero tampoco relleno sin alma. Aquí hay ideas, hay músicos y hay momentos. Simplemente, me parece que no todos jugaban a favor del resultado final.

sábado, enero 17, 2026

STORM: FOREVER (2025, 5 LUNAS PRODUCCIONES)

El último trabajo de estos tormentos, tal y como fueron definidos con ese arte andaluz por su madre, es, antes que nada, un documento con peso específico: doble CD y DVD grabado en directo en La Rinconada, bien presentado y con intención clara de dejar constancia de una banda que sigue en pie. Un directo que suena tal cual ocurrió, sin regrabados de ninguna pista y sin añadidos en la producción posterior No hay trampa ni nostalgia inflada; suena a Storm hoy, con oficio, tablas y un repertorio que mezcla clásicos y material reciente sin que nada desentone, todo lo contrario. El sonido es potente, directo, con ese punto hard-prog que siempre fue marca de la casa, y una interpretación que demuestra que el grupo no vive de recuerdos sino de continuidad. 

El repertorio está bien medido: aparecen piezas históricas como “Un señor llamado Fernández de Córdoba”, unido eternamente a la existencia del cuarteto, “El día de la tormenta”, “It’s alright” o la más que extraordinaria recreación hard progresiva muy púrpura “Machine rebellion”, cierre de los últimos conciertos de la banda, tal como se pudo disfrutar en su anterior directo oficial, 50 Años de Tormenta, junto a temas de su etapa más reciente, me encanta “5 Lunas”, lo que da una visión completa de su trayectoria. Aquí se nota el pulso de banda veterana: riffs sólidos que parecen imposibles, excelentes teclados con peso, base rítmica de ensueño y una ejecución que prioriza pegada y cohesión antes que lucimiento personal, que también lo hay. El concierto fluye con lógica, es orgánico, tiene dinámica y no se hace innecesariamente extenso, algo que en un directo largo no es poca cosa.

Mirado con perspectiva, Forever encaja como anillo al dedo en la historia de Storm: una banda nacida a finales de los 60, pionera del hard rock progresivo en una impensable España de entonces, con claras influencias anglosajonas —Deep Purple, Rainbow, Uriah Heep, el prog británico más musculado— y una carrera marcada por parones, regresos y una fidelidad absoluta a su sonido. Este directo no intenta modernizar ni reinterpretar el pasado: lo asume y lo defiende con convicción, algo que sólo se consigue con identidad clara y años de carretera.

Y aquí entra en juego la labor de 5 Lunas Producciones, fundamental para entender el sentido del lanzamiento: un sello que lleva años cuidando, rescatando y poniendo en valor el rock patrio con ediciones dignas, bien documentadas y pensadas para el aficionado. Forever no es solo un disco en vivo, es parte de ese trabajo de preservación y visibilidad de nuestro patrimonio musical. Edición cuidada, audio y vídeo auténticos, sin añadidos posteriores, insisto, y ese aire de celebración sin autobombo que suma mucho. Una pieza clave para quien siga a Storm y, en general, para cualquiera que valore que esta música siga teniendo espacio, memoria y futuro. En realidad, este nuevo trabajo inmortaliza para siempre este nombre tan olvidado por muchos, pero tan respetado por muchos también: por siempre, Storm.

Hazte con él aquí.

viernes, diciembre 05, 2025

BOLA BANDA ELECTRÓNICA (1979/2025, 5 LUNAS PRODUCCIONES)

Bola Banda Electrónica es recuperar una ansiada grabación olvidada en un cajón con aromas de los 80: cruda, curiosa y con ese encanto de experimento casero que no pide permiso. Los hermanos Carmona se lanzaron a mezclar sintes, cajas de ritmo y guitarras cuando eso en España era casi ciencia ficción, y esa valentía se nota en cada zumbido, cada golpe casi industrial y cada melancolía filtrada. Suena menos pulido que los synth-pop europeos del momento, más Gary Numan que Ultravox, y apostando decididamente más por una música casera aunque libre y con mucha intuición, que a la frialdad perfecta de Kraftwerk, lo que le da un carácter singular dentro de la electrónica temprana.

El disco avanza con aliento decidido, con ritmos telegráficos y texturas que parecen montadas a pulso, sin miedo a que algo se salga de lo normal. Y es justo ahí donde engancha: en lo imperfecto, en lo accidental, en esa mezcla de new wave primitiva, krautrock casero y aromas underground. Frente a la ruta ya marcada en España por Aviador Dro o Esplendor Geométrico, Bola se mueve en un terreno más híbrido y emocional, casi como esas rarezas francesas o belgas de culto que buscaban belleza en el error, léase Front 242 o, incluso, Heldon, con los que, más que estilo, comparte el enfoque experimental, la crudeza de producción y el espíritu independiente que, en el caso que nos ocupa, respira un aire muy sevillano y, por qué no, mediterráneo. Si vas con mentalidad de quien disfruta desenterrando rarezas, aquí hay magia: defectos convertidos en personalidad, asperezas que se vuelven identidad...

Y la guinda es su historia: estas grabaciones quedaron guardadas décadas hasta que 5 Lunas Producciones las rescató del olvido poniendo en valor, sin cosmética innecesaria, a este grupo que fácilmente se habría perdido en la noche oscura del tiempo. Más que un disco, es un testimonio pionero de cuando hacer electrónica en España era inventar el camino, muy lejos de los estudios pulidos europeos de su generación. Una pequeña joya para quien aprecia el riesgo, la rareza y los comienzos sin mapa.

Hazte con tu copia en este enlace.

sábado, noviembre 29, 2025

ECHOLYN: AS THE WORLD (1994)

As The World es Echolyn disparando en todas direcciones pero sin perder el norte: un álbum donde se nota el poso de Gentle Giant en los contrapuntos vocales y los giros rítmicos, cierto refinamiento melódico que recuerda a Yes, algún deje jazzy que podría venir de Steely Dan y un empuje guitarrero más cercano al prog americano de los 90. Todo está mezclado con una precisión envidiable: voces que se cruzan con intención, guitarras que alternan limpieza y filo, teclados que aportan color sin barroquizarse, y una base rítmica que sostiene los cambios sin despeinarse.

Es un disco denso, lleno de ideas, casi un rompecabezas que se va desplegando según avanzan los temas, pero muy humano: tiene pasajes melancólicos, momentos de pura energía y un tramo final, con “Never the same”, que se siente como un cierre emocional de categoría.

La producción es limpia, detallista, muy de esa segunda oleada prog noventera que buscaba equilibrar virtuosismo y calidez. Y entre todo ese despliegue, lo asombroso es la coherencia: Echolyn absorbe influencias sin sonar derivativo, construye un álbum ambicioso sin caer en el exceso gratuito y firma uno de esos trabajos que, con varias escuchas, acaban revelando la dimensión real que tienen.