Esta colección que amalgama como bien dice su título, rarezas e inéditos, amén de temas publicados oficialmente no es un disco para poner y disfrutar sin pensar: es un documento, casi una excavación arqueológica, de cuando en este país hacer rock con acento propio era poco menos que jugarse el tipo. De la confluencia de grupos como Los X-5, Los Lentos, Los Relámpagos, Los Búhos o Los Flexos, donde estuvo también el futuro Triana Eduardo Rodway, el nombre elegido no fue casualidad ni pose intelectual: “Todo y Nada” define perfectamente lo que fue este proyecto, una apuesta total por algo que todavía no existía, cuando el rock en español y andaluz era poco más que una intuición y muchas ganas. Aquí no hay mito construido a posteriori, hay intento, con todo lo que eso implica: aciertos, errores y callejones sin salida.
El disco recoge materiales grabados entre 1965 y 1971 por formaciones distintas, músicos que entran y salen, ideas que se prueban y se abandonan. En la cara A aparecen temas más cercanos al pop-rock progresivo y psicodélico del momento, con “Underground vibrations n.º 2”, un tema nacido en la segunda mitad de los sesenta, pero no publicado hasta 1970, marcando territorio: bajo de Tony Aguilar protagonista, teclados de un gran Félix Sierra con efectos y desarrollo progresivo cuando aquí casi nadie hablaba ese idioma. “Snobismo” y “Seven o’clock” cumplen, pero es “Tarantos” el que pone un lugar en el mapa: guitarras eléctricas y flamenca, palmas (se habla de Camarón), flauta (con Juan Jiménez de Pekenikes), ritmos aflamencados y una voz de Juan Antonio Pueyo (Los Núcleos) que ya apunta claramente a otra cosa. Ahí sí se puede hablar, sin trampas, de pioneros del rock andaluz, no por lo acabado del resultado, sino por la idea y el riesgo.
La cara B es todavía más reveladora, porque muestra el laboratorio. Versiones instrumentales, temas sencillos, muchos de ellos bailables, estructuras repetitivas y grabaciones a las que décadas después se les han añadido guitarras, de la mano de Tomás Vega (Grimm, Vega), y teclados para resaltar lo que entonces apenas se insinuaba. No todo funciona, ni falta que hace: aquí se escucha cómo se busca una identidad, cómo se tantea la mezcla entre rock y raíces sin tener aún las herramientas ni el contexto. “Tani”, con el gran Nono Ábalos (Simun), se desenvuelve como copla pop aflamencada versionada y con letra, y vuelve a aparecer como eje musical del grupo, primero como ese sabor de sala de baile y luego como idea embrionaria de lo que vendría después. No es brillante, pero es honesta, y eso pesa más cuando se habla de historia.
El último tramo del disco, ya con otra formación, que llega a incluir a Jorge W. García Banegas (ex Psiglo y futuro Asfalto) apunta más claramente al embrionario flamenco rock progresivo que cristalizaría después en otros nombres más conocidos. Guitarras más elaboradas, palmas integradas, quejío, jaleo, voces más andaluzas y desarrollos que ya no parecen casuales. Y, como tantas veces en este país, problemas con el sello discográfico, cambios de formaciones, la puta mili, abandonos y el proyecto se diluye antes de cuajar del todo y José Luis Álvarez, crítico y periodista e ideólogo del grupo, da por finalizada la aventura. All and Nothing acaba siendo eso: todo y nada al mismo tiempo, la crónica de algo que pudo ser y no fue, pero que sin existir del todo abrió camino. Un disco para coleccionistas, sí, pero sobre todo para entender que el rock andaluz no nació de la nada: nació de intentos como este, hechos a contracorriente y arriesgando. Luego vendrán los nombres grandes; aquí está el barro.






