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lunes, enero 26, 2026

THE FLOWER KINGS: THE SUM OF NO EVIL (2007)

Aquí tenemos a The Flower Kings sacando pecho con The Sum of No Evil. Estos suecos llevan años haciendo música que podría sonar a Yes con esteroides clásicos y cerebración nórdica expansiva, y en este álbum lo hacen sin pedir permiso, con riffs generosos, teclados que se creen planetas y estructuras que no caben en playlists de tres minutos.

La cosa no es elegante por accidente: cada segundo es una declaración de principios. Aquí no hay himnos pop vacuos ni ganchos para radio fórmulas; hay capítulos enteros, desarrollos largos, paciencia y una confianza absoluta en que el oyente no es ignorante. Canciones que se estiran como si quisieran hablar contigo, armonías que parecen novelas y solos de guitarra que se recrean sin ahorrar espacios. Rock progresivo sin complejos, sin abreviaturas y sin pedir perdón por durar lo que dura.

Y ojo, porque esto no es nostalgia barata ni disfraz setentero. The Sum of No Evil no juega a volver a los 70, sino a demostrar que el lenguaje del progresivo clásico sigue vivo si se usa con convicción. Hay ecos de Yes, Camel o Genesis, claro, pero no como copia servil sino como tradición asumida, como quien habla un idioma antiguo sin acento impostado. Aquí se nota que hay músicos que creen de verdad en este formato y no lo usan como coartada estética. Flower Kings usan el ADN del progresivo setentero como lenguaje propio, con naturalidad.

¿Y por qué esto no sale en los medios generalistas ni en las listas de lo “relevante”? Porque el relato oficial del rock decidió hace tiempo que el progresivo era un error juvenil que había que superar. The Sum of No Evil demuestra justo lo contrario: que el progresivo no murió, simplemente se fue a vivir lejos del ruido, creciendo a su aire. Luego vendrán los de siempre a hablar de riesgo artístico con un sencillo de tres minutos. Luego nos hablarán de evolución.

sábado, enero 17, 2026

STORM: FOREVER (2025, 5 LUNAS PRODUCCIONES)

El último trabajo de estos tormentos, tal y como fueron definidos con ese arte andaluz por su madre, es, antes que nada, un documento con peso específico: doble CD y DVD grabado en directo en La Rinconada, bien presentado y con intención clara de dejar constancia de una banda que sigue en pie. Un directo que suena tal cual ocurrió, sin regrabados de ninguna pista y sin añadidos en la producción posterior No hay trampa ni nostalgia inflada; suena a Storm hoy, con oficio, tablas y un repertorio que mezcla clásicos y material reciente sin que nada desentone, todo lo contrario. El sonido es potente, directo, con ese punto hard-prog que siempre fue marca de la casa, y una interpretación que demuestra que el grupo no vive de recuerdos sino de continuidad. 

El repertorio está bien medido: aparecen piezas históricas como “Un señor llamado Fernández de Córdoba”, unido eternamente a la existencia del cuarteto, “El día de la tormenta”, “It’s alright” o la más que extraordinaria recreación hard progresiva muy púrpura “Machine rebellion”, cierre de los últimos conciertos de la banda, tal como se pudo disfrutar en su anterior directo oficial, 50 Años de Tormenta, junto a temas de su etapa más reciente, me encanta “5 Lunas”, lo que da una visión completa de su trayectoria. Aquí se nota el pulso de banda veterana: riffs sólidos que parecen imposibles, excelentes teclados con peso, base rítmica de ensueño y una ejecución que prioriza pegada y cohesión antes que lucimiento personal, que también lo hay. El concierto fluye con lógica, es orgánico, tiene dinámica y no se hace innecesariamente extenso, algo que en un directo largo no es poca cosa.

Mirado con perspectiva, Forever encaja como anillo al dedo en la historia de Storm: una banda nacida a finales de los 60, pionera del hard rock progresivo en una impensable España de entonces, con claras influencias anglosajonas —Deep Purple, Rainbow, Uriah Heep, el prog británico más musculado— y una carrera marcada por parones, regresos y una fidelidad absoluta a su sonido. Este directo no intenta modernizar ni reinterpretar el pasado: lo asume y lo defiende con convicción, algo que sólo se consigue con identidad clara y años de carretera.

Y aquí entra en juego la labor de 5 Lunas Producciones, fundamental para entender el sentido del lanzamiento: un sello que lleva años cuidando, rescatando y poniendo en valor el rock patrio con ediciones dignas, bien documentadas y pensadas para el aficionado. Forever no es solo un disco en vivo, es parte de ese trabajo de preservación y visibilidad de nuestro patrimonio musical. Edición cuidada, audio y vídeo auténticos, sin añadidos posteriores, insisto, y ese aire de celebración sin autobombo que suma mucho. Una pieza clave para quien siga a Storm y, en general, para cualquiera que valore que esta música siga teniendo espacio, memoria y futuro. En realidad, este nuevo trabajo inmortaliza para siempre este nombre tan olvidado por muchos, pero tan respetado por muchos también: por siempre, Storm.

Hazte con él aquí.

viernes, diciembre 05, 2025

BOLA BANDA ELECTRÓNICA (1979/2025, 5 LUNAS PRODUCCIONES)

Bola Banda Electrónica es recuperar una ansiada grabación olvidada en un cajón con aromas de los 80: cruda, curiosa y con ese encanto de experimento casero que no pide permiso. Los hermanos Carmona se lanzaron a mezclar sintes, cajas de ritmo y guitarras cuando eso en España era casi ciencia ficción, y esa valentía se nota en cada zumbido, cada golpe casi industrial y cada melancolía filtrada. Suena menos pulido que los synth-pop europeos del momento, más Gary Numan que Ultravox, y apostando decididamente más por una música casera aunque libre y con mucha intuición, que a la frialdad perfecta de Kraftwerk, lo que le da un carácter singular dentro de la electrónica temprana.

El disco avanza con aliento decidido, con ritmos telegráficos y texturas que parecen montadas a pulso, sin miedo a que algo se salga de lo normal. Y es justo ahí donde engancha: en lo imperfecto, en lo accidental, en esa mezcla de new wave primitiva, krautrock casero y aromas underground. Frente a la ruta ya marcada en España por Aviador Dro o Esplendor Geométrico, Bola se mueve en un terreno más híbrido y emocional, casi como esas rarezas francesas o belgas de culto que buscaban belleza en el error, léase Front 242 o, incluso, Heldon, con los que, más que estilo, comparte el enfoque experimental, la crudeza de producción y el espíritu independiente que, en el caso que nos ocupa, respira un aire muy sevillano y, por qué no, mediterráneo. Si vas con mentalidad de quien disfruta desenterrando rarezas, aquí hay magia: defectos convertidos en personalidad, asperezas que se vuelven identidad...

Y la guinda es su historia: estas grabaciones quedaron guardadas décadas hasta que 5 Lunas Producciones las rescató del olvido poniendo en valor, sin cosmética innecesaria, a este grupo que fácilmente se habría perdido en la noche oscura del tiempo. Más que un disco, es un testimonio pionero de cuando hacer electrónica en España era inventar el camino, muy lejos de los estudios pulidos europeos de su generación. Una pequeña joya para quien aprecia el riesgo, la rareza y los comienzos sin mapa.

Hazte con tu copia en este enlace.

sábado, noviembre 29, 2025

ECHOLYN: AS THE WORLD (1994)

As The World es Echolyn disparando en todas direcciones pero sin perder el norte: un álbum donde se nota el poso de Gentle Giant en los contrapuntos vocales y los giros rítmicos, cierto refinamiento melódico que recuerda a Yes, algún deje jazzy que podría venir de Steely Dan y un empuje guitarrero más cercano al prog americano de los 90. Todo está mezclado con una precisión envidiable: voces que se cruzan con intención, guitarras que alternan limpieza y filo, teclados que aportan color sin barroquizarse, y una base rítmica que sostiene los cambios sin despeinarse.

Es un disco denso, lleno de ideas, casi un rompecabezas que se va desplegando según avanzan los temas, pero muy humano: tiene pasajes melancólicos, momentos de pura energía y un tramo final, con “Never the same”, que se siente como un cierre emocional de categoría.

La producción es limpia, detallista, muy de esa segunda oleada prog noventera que buscaba equilibrar virtuosismo y calidez. Y entre todo ese despliegue, lo asombroso es la coherencia: Echolyn absorbe influencias sin sonar derivativo, construye un álbum ambicioso sin caer en el exceso gratuito y firma uno de esos trabajos que, con varias escuchas, acaban revelando la dimensión real que tienen.

domingo, noviembre 23, 2025

EARTH OPERA (1968)


Earth Opera es de esos discos que han pasado de puntillas, pero que esconden mucho jugo: un pop de finales de los 60 con claro sabor Beatles, tensión barroca y un aire proto progresivo que apuntaba maneras. Rowan a la guitarra y Grisman con mandolina y mandocello levantan un paisaje donde el folk, la psicodelia y algún guiño a la música india conviven sin chocarse. Todo encaja con más naturalidad de la que parece sobre el papel. El tono general tiene ese punto melancólico tan de la época, pero también sabe moverse entre pasajes más vivos y melodías psych muy introspectivas, con momentos que flotan y otros que aprietan lo emotivo. La producción es fina, llena de detalles — harpsicordio, órgano, vibráfono de la mano de Bill Stevenson— que dan ese toque ornamental sin convertirlo en un artefacto recargado.

Es una obra ambiciosa, elegante y sorprendentemente coherente para la mezcla de estilos que maneja, de esas que merece la pena rescatar porque, sin hacer ruido, sigue brillando con luz propia.

domingo, noviembre 16, 2025

TANGERINE DREAM: SHY PEOPLE (1987)

Sigo opinando que Shy People es un álbum que muestra un lado algo diferente de Tangerine Dream, donde su ya vasta trayectoria en la música electrónica se mezcla con una necesidad narrativa: adaptarse al cine. En 1988, Edgar Froese, Christopher Franke y Paul Haslinger se enfrentaban a un encargo exigente, pues la banda sonora debía expresar climas emocionales, tensiones y atmósferas propias de un relato dramático, lo cual les obligó a componer más de 80 minutos de música en solo dos meses, mientras solo una fracción acabaría en el disco comercial. En ese sentido, el resultado es una especie de mosaico: algunas piezas puramente instrumentales, tan evocadoras como sus clásicos, y otras con voz, como “Shy people” o “The harbor”, algo insólito en su obra, que aportan una textura más humana y directa. Las partes vocales no siempre se integran con naturalidad, pero funcionan como contrapunto emocional frente a los pasajes ambientales: en “Nightfall, swamp voices” o “Transparent days” se reconoce a esos Tangerine Dream de siempre, suspendidos, cercanos al suspiro. A lo largo de su discografía, Tangerine Dream han sido maestros en generar paisajes sonoros íntimos y expansivos, y aunque este álbum no estaría entre sus trabajos más redondos, sí es un proyecto honesto: un esfuerzo por casar su lenguaje con un relato humano, con sus luces y sombras. 

En resumen, Shy People es una obra híbrida, desigual en su integración vocal-instrumental, pero genuina en su ambición. Un testimonio de que la banda, incluso en sus encargos más arduos, seguía reteniendo ese impulso creativo que la definió y que para el oyente curioso representa una rareza estimulante dentro de su extenso catálogo.


sábado, noviembre 15, 2025

EVERON: BRIDGE (2002)

Bridge es una carta abierta al prog clásico pero con nervio moderno: guitarras contundentes, teclados espaciales y una base rítmica que no se anda con medias tintas. Oliver Philipps lidera con su voz algo épica y arreglos precisos, mientras Ulli Höver, Christian Moos y Schymy construyen una muralla sonora donde cada compás se siente tallado. Hay momentos para suavidad, “If you were still mine”, para atmósfera íntima (“Harbour”) y para explosión pura como en “Puppet show”, un instrumental que muestra el músculo técnico de la banda con fuerza y elegancia. La producción está muy trabajada, el sonido es amplio, un poco bombástico cuando toca, pero nunca se pierde el equilibrio ni el pulso melódico. 

En la discografía de Everon, Bridge representa su cara más directa y vigorosa, justo antes de su contraparte más emocional en el otro álbum de ese año, Flesh. Si te interesan las bandas prog que saben alternar ambición y accesibilidad, esta edición de Bridge es una pieza de referencia: tiene todo para atraer tanto a quienes vienen del metal progresivo como a los que prefieren melodías más clásicas.

RIVERSIDE: RAPID EYE MOVEMENT (2007)

Rapid Eye Movement (2007) cerró la primera etapa de Riverside con ese aire de banda ya hecha: sonido más refinado, atmósferas densas y un pulso que va del susurro al golpe sin perder coherencia. Duda, Łapaj y Grudziński trabajan aquí como reloj suizo: líneas de bajo que arrastran, teclados envolventes, guitarras que pasan de la niebla al desgarro constantemente. El disco juega a dos caras —Fearless y Fearland— y esa división le da cuerpo de concepto sin ponerse pesado.

Temas cortos que entran fácil (“Rainbow box”, “Schizophrenic prayer”) y piezas largas donde sueltan amarras, con “Ultimate trip” como remate lógico y emocional. Producción cuidada, un toque psicodélico por aquí, otro trance por allá, pero siempre con el ADN prog-metal moderno que les hizo reconocibles desde el primer día. No revoluciona nada, pero sí afianza su territorio: un disco maduro, directo y con más verdad de la que parece a simple escucha. Y esta edición especial, con un jugoso segundo CD de rarezas y jams, es puro deleite para coleccionistas y para quien quiera ver a la banda de un modo más crudo y personal.

domingo, noviembre 09, 2025

ALAIN MARKUSFELD: CONTEMPORUS (1979)

Contemporus es uno de esos discos que parecen hechos sin prisa, con la serenidad de quien ya ha probado de todo y decide quedarse con lo que realmente le suena bien. Alain Markusfeld, multiinstrumentista francés con una carrera de lo más curiosa, del folk psicodélico de los sesenta al rock progresivo más instrumental, aquí junta guitarras cálidas, teclados que flotan, algo de electrónica sutil y una producción cuidada que suena a viaje más que a experimento. No va de virtuosismo ni de épica, sino de atmósfera: piezas cortas que se sienten como pequeñas postales y una suite final que ata todo con un hilo casi cinematográfico.

Hay en el disco una mezcla muy natural entre lo sinfónico, lo ambient y ese toque prog francés tan elegante como prétentieux. No es un clásico de manual, pero tiene ese encanto de los discos con alma: suena nostálgico sin ser viejo, luminoso sin empalagar. Markusfeld no buscaba vender millones, se nota que quería hacer algo bello, coherente y propio.

Contemporus es, en ese sentido, como una película sonora en 35 mm: un paseo por paisajes que se quedan contigo y que mejoran cada vez que vuelves a escucharlos.

sábado, noviembre 08, 2025

TOY MATINEE (1990)

El álbum Toy Matinee (1990) es uno de esos discos que sorprenden porque parecen el proyecto de gente que podría dedicarse a sesiones mil y acaban creando algo con alma propia: detrás están Kevin Gilbert (voz, guitarras, teclados) y Patrick Leonard (teclados, producción), junto a músicos de alto nivel como Guy Pratt al bajo, que ya había trabajado con grandes nombres. La música mezcla pop inteligente, arreglos casi orquestales, guiños progresivos ligeros y melodías que enganchan desde la primera escucha: canciones como el inicio “Last plane out” arrancan con gancho radio-friendly pero luego se abren a paisajes más amplios; “The ballad of Jenny Ledge” o “There was a little boy” demuestran que no es solo diversión superficial, sino ideas detrás, emoción, letra comprometida.

En su breve trayectoria, Toy Matinee es el único disco que sacaron, lo que le da ese aura de gema poco explotada, de momento único antes de que los caminos de los implicados siguieran rumbo propio. En la discografía personal de cada uno queda como un hito: para Gilbert un fructífero trampolín hasta su inesperada muerte; para Leonard (ex Trillion) una incursión creativa posterior más libre y ecléctica; y para Pratt, con gran experiencia pretérita, otro gran y dilatado capítulo de colaborador de lujo.

¿Es perfecto? No del todo: a veces la abundancia de ideas da la sensación de exceso, pero precisamente ahí está su encanto: no cumple fórmulas, juega con el pop, lo expande, lo retuerce un poco. En resumen, vale muchísimo la pena: un disco que suena tan cuidado como espontáneo, que te invita a darle vueltas y descubrir nuevos matices, y que para quien guste de un pop con ambición es una joya clara

viernes, noviembre 07, 2025

10cc: SHEET MUSIC (1974)


Sheet Music es un disco de pop art afilado: compacto, juguetón y despiadadamente bien producido, donde 10cc convierten la melodía instantánea en un laboratorio de arreglos y humor negro; temas como “The Wall Street shuffle” o “Silly love” muestran el pulso pop inmediato, mientras cortes como “Clockwork creep” u “Oh effendi” meten giros dramáticos y narrativos que delatan cabeza prog y gusto por la parodia; la grabación en sus Strawberry Studios y la complicidad creativa de Stewart, Gouldman, Godley y Creme permiten una alternancia constante de estilos y voces, a veces como veteranos del estudio, otras veces como niños traviesos, y el resultado es un álbum que suena tan impecable técnicamente como irreverente en el fondo; no es sólo una colección de singles: es una pequeña enciclopedia de juegos compositivos, con letras satíricas y construcciones vocales que luego definirían el sello del grupo; en la discografía de 10cc queda como su punto de mayor ambición conjunta antes de las rupturas, un segundo largo que consolidó su perfil comercial (entró en el Top 10 británico) y su reputación crítica: entretenido, exigente y muy recomendable para quien quiera entender cómo el pop puede ser inteligente sin perder gancho.

sábado, octubre 25, 2025

IMÁN, CALIFATO INDEPENDIENTE: CAMINO DEL ÁGUILA (1980)

He perdido la cuenta de las veces que he escuchado, comprado y regalado este disco desde que apareció. El segundo y último trabajo de Imán, Califato Independiente, Camino del Águila (1980), sigue siendo para mí uno de esos álbumes que se viven más que se escuchan. Aquí la banda alcanza su cima creativa, con un sonido donde la precisión técnica se funde con una libertad casi espiritual. Desde la épica apertura de “La marcha de los enanitos”, con el bajo y la percusión de Urbano Moraes y Kiko Guerrero sosteniendo una base rítmica de pura alquimia, hasta “Maluquinha”, donde la percusión de Rubén Dantas y los toques brasileños abren el disco hacia nuevas coordenadas, todo suena orgánico, fluido, lleno de vida. Marcos Mantero dibuja atmósferas con sus teclados que dialogan con la guitarra de doce cuerdas y la actitud serena de Manuel Rodríguez, creando pasajes que parecen suspendidos entre lo místico y lo terrenal. “Camino del Águila”, la pieza central, es un viaje de catorce minutos donde confluyen la raíz andaluza, la improvisación jazzística y la introspección progresiva con una naturalidad que pocas veces se ha igualado en nuestro rock. Y en “Niños”, con los coros de Deirdre Fallon y la producción cuidadísima del propio grupo junto a Pepe Loeches, el álbum se despide con una ternura que desarma, como si el vuelo del águila se posara finalmente sobre la memoria. Cada detalle, desde el diseño de portada hasta la calidez del sonido, refleja a una banda que supo conjugar alma y oficio sin artificios. Escucharlo hoy es reencontrarse con una época en la que la música nacía de la pasión y del deseo de explorar sin miedo, y por eso —más allá de modas o etiquetas— Camino del Águila sigue siendo una obra viva, luminosa y necesaria.

jueves, octubre 02, 2025

GIRON: WANDERING IN THE DESERT (2025)

Desde los primeros sonidos de “Here comes the storm” uno siente que va a emprender una travesía. Y eso, justamente, es lo que Tomás Fernández Girón propone: un descenso de su nave por dunas sonoras, paisajes minerales bajo cielos inmensos, con un pie firme en la vieja escuela de Berlín de los 70 y otro en un ambient contemporáneo lleno de audacia. No es un álbum de sonidos melancólicos en el sentido empalagoso, sino de atmósferas que respiran, en un punto intermedio entre la contemplación y el abandono espiritual, que abrazan suave y luego se dilatan hasta tomar cuerpo en un ejercicio de contención y expansión al mismo tiempo.

La magia de esta obra está en los contrastes: “Walking between dunes”, acumulativo y envolvente con sus más de ocho minutos, nos mece con texturas flotantes y murmullos sintéticos, mientras que “Wind also rusts”, sí, apenas 2 minutos, recuerda que el silencio también puede oxidarse con belleza. “With our pilot” es un momento de vuelo tranquilo pero firme, y “Trip to the market” sorprende por su duración generosa, más de 12 minutos, que no se siente excesivamente prolongada porque Giron sabe cuándo retroceder, cuándo dejar respirar el sonido, cuándo entrar con una nota etérea que atraviesa todo. “The old rusty temple” cierra con reverencia y pequeñas fisuras: no pretende darte respuestas, sino hacerte sentir que aún hay santuarios enigmáticos por descubrir.

Este disco no caerá (por fortuna) en esa trampa de «música de fondo para meditar». Sí, puede servir para eso, pero su ambición va más allá: hay voluntad de contar algo, aunque abstracto, de dejar heridas pequeñas, remolinos interiores. Y en cada pasaje se advierte un cuidadoso dominio del equipo: los sintetizadores analógicos, el Eurorack, las secuencias, los ecos... Esos detalles técnicos no son exhibicionismo; son pinceles con los que se dibuja un paisaje que transmite la cohesión del relato.

Al cerrarse Wandering in the Desert, me quedo con la certeza de que Giron ha conseguido un disco honesto y profundo. No es perfecto, ¿qué disco lo es?, pero tiene corazón, perspectiva y un sentido del riesgo discreto. Lo que logra Giron, con paciencia casi ritual, es inducirnos en un trance sonoro donde los detalles se perciben como necesarios. Si este álbum sirve para que tomemos el sendero (aunque imaginario) del desierto con los oídos atentos y la piel sensible y nos suspenda en el tiempo, entonces ha cumplido su cometido. En mi opinión, nos enfrentamos a una joya (modesta pero feroz) que invita a regresar, a escuchar despacio, a perderse con un deje de esperanza dentro de un viaje sonoro que no se olvida fácilmente.

Escúchalo y cómpralo aquí.

domingo, septiembre 21, 2025

EDUARDO MORENO: UNIVERSE 2525 (2025)

Hay discos que se atraviesan como un túnel en plena noche. Universe 2525 de Eduardo Moreno es uno de ellos. Cincuenta y siete minutos de viaje conceptual inspirados en el célebre experimento de Calhoun con los ratones, donde el “paraíso” acabó convertido en ruina. Y aquí, con guitarras, sintetizadores y atmósferas casi cinematográficas, Moreno nos invita a enfrentarnos a ese espejo incómodo que, en realidad, habla menos de los roedores y mucho más de nosotros. Es un disco que no acaricia: sacude, ilumina y deja cicatriz.

La arquitectura musical es poderosa, pero sería injusto no subrayar la enorme aportación de Daniel Campañá, cuya voz guía, arropa y conmueve como un faro en mitad de la tormenta. Daniel no se limita a cantar: interpreta, da cuerpo a los personajes, pone matices humanos en cada rincón de este universo en decadencia. En su garganta conviven la furia, la fragilidad y la ternura rota de la narración musical. Su interpretación no sólo complementa el concepto: lo convierte en carne, emoción y memoria. Escucharlo es todo un ejercicio de necesidad.

El álbum se despliega como una sinfonía progresiva, con partes que se contradicen, se acarician y se desgarran. Están los “Hurtful ones” y los “Harmless ones”, luchando y coexistiendo como si fueran vecinos en un edificio demasiado lleno. Luego llegan los “Beautiful ones”, hermosos en su apatía, obsesionados con la superficie mientras el mundo se cae a pedazos. Todo con una música que oscila entre lo abrasivo y lo etéreo, lo urgente y lo contemplativo, como si cada nota nos incomodara con nuestra similitud con los ratones. Y la respuesta, aunque nos duela, late en cada compás.

Lo más poderoso del disco es que no se refugia en la abstracción ni en la comodidad. “The slave”, “The immigrant”, “The replicant”… títulos que no dan respiro y que clavan la idea de que la decadencia social no es ciencia ficción, sino una posibilidad demasiado real. Y sin embargo, hay momentos de belleza arrolladora, que parecen recordarnos que seguimos teniendo un destello de dignidad y de poesía, incluso en el borde del colapso. Esa chispa es la que hace que este viaje, aunque sombrío, sea profundamente humano.

Moreno compone, Campañá interpreta, y juntos construyen una obra incómoda, entrañable y necesaria. Un trabajo honesto que, con rigor y emoción, se atreve a poner música a nuestra fragilidad colectiva. Escucharlo es mirarse al espejo y reírse un poco, llorar otro poco, y salir con la certeza de que la música, al menos, todavía nos salva de convertirnos en “los hermosos inútiles” del experimento. Universe 2525 no es solo un disco: es una experiencia imprescindible, destinada a quedarse en la memoria como una de las obras más emocionantes y valientes de nuestro tiempo.

Escúchalo en su Bandcamp.

miércoles, septiembre 03, 2025

AL.MA PROJECT: METAMORPHOSIS (2025)

AL.MA Project debuta con Metamorphosis, un trabajo que confirma que el rock progresivo instrumental no ha dicho su última palabra en España. Alberto Márquez, teclista jerezano con una trayectoria sólida en formaciones como Omni, Onza o Metáfora, se atreve aquí con un proyecto propio que no busca artificios: ocho composiciones nacidas de la experiencia vital que convierten la épica y la emoción en el núcleo mismo de la propuesta. Publicado por 5 Lunas Producciones, el álbum trasciende lo estrictamente musical y se erige en una metáfora de la existencia: la vida como cambio constante, como renuncia y como renacimiento.

El viaje arranca con “The long journey”, grandiosa y con aromas andaluces, como si quisiera recordarnos que toda transformación comienza con raíces firmes. “Dreaming the South” prolonga ese vínculo con lo cercano: un homenaje implícito al legado de Cai y a una memoria sonora que sigue latiendo. En “Day of triumph” la música se vuelve inesperadamente cinematográfica, con aires de bolero y evocaciones de Vangelis y Tomas Bodin, mostrando que no hay metamorfosis sin riesgo ni sin emoción. Márquez no compone canciones, construye relatos musicales cada uno con un pulso narrativo que atrapa al oyente en un viaje interior.

El clímax llega con “No more words”, donde guitarras y teclados alcanzan un grado de expresividad que roza lo espiritual. Es el momento de máxima entrega emocional, un lugar al que solo se llega tras haberse permitido el trayecto completo. “Reflections” abre entonces una pausa filosófica: guitarras expansivas y teclados fluidos y alegres que parecen dialogar con el universo, como si la música fuese también un espejo de lo que somos. Y el cierre, “Trust”, deja un poso inesperado de optimismo luminoso, de confianza en la vida y en la música, resolviendo con serenidad un disco que respira humanidad en cada compás.

La nómina de músicos que acompañan a Márquez multiplica el valor de la obra: Alfonso Romero (El Tubo Elástico, Onza) al bajo, con líneas de inventiva desbordante; Chus Gancedo, un más que experimentado en jazz, fusión, progresivo, pop, se encarga de una batería impecable en técnica y pegada; Francisco “Pancho” Hernández (de los mexicanos Cast), cuya guitarra alterna delicadeza y fuerza con un sello inconfundible; y Antonio Valderrama, guitarrista de Sherish, que aporta el acento andaluz en “Dreaming the South” con su pasional visión musical.

Pero nada de esto se entendería sin el papel de 5 Lunas Producciones, un sello que se ha convertido en refugio y altavoz de propuestas que rehúyen lo fácil para apostar por lo sincero, lo arriesgado y lo bello. Metamorphosis es, en definitiva, un disco honesto, poderoso y emotivo, que habla de la vida mientras la embellece, recordándonos que el rock progresivo sigue siendo un espacio fértil para pensar, sentir y transformar.

Consíguelo aquí.

sábado, agosto 30, 2025

PROGRESSIVE ROCK SIDE OF FIVE MOONS VOLUME 8 (2025)

Hay recopilatorios que nacen por pura inercia, como un cajón de sastre de canciones, y luego están los de 5 Lunas Producciones. Ellos no editan discos: levantan testamentos. Llevan años recordándonos que el progresivo español no es un fantasma ni una anécdota; es una criatura que respira, palpita. Con este Volumen 8 lo han vuelto a lograr: no hablamos de una colección más, sino de un pequeño milagro. Un disco que funciona como cápsula del tiempo donde memoria, riesgo y futuro conviven sin pedirse permiso. Aquí la música no solo suena: se siente, se agarra a la piel. Y en estos tiempos, esto es un regalo.

El arranque lo firman Glazz con Stressereo. El título puede sonar a chanza privada, pero lo que llega es un latigazo de jazz-rock eléctrico, pura descarga en vena. Desde el Puerto de Santa María irradian un sonido que mezcla lo tempestuoso atlántico con la luz mediterránea. En directo son pólvora sin contención, un chispazo que ilumina y abrasa a la vez. Con ellos, el disco deja claro que aquí no hay lugar para cabeceos tibios: se viene a escuchar con todo el cuerpo, no solo con los oídos.

Después, nos transportamos a Manners y su “A winter song”. Desde Menorca, nos regalan un invierno de ocho minutos en el que no nieva, pero sí hiela la melancolía. Es una versión reducida de una suite mayor, aunque conserva intacta la grandeza: una postal recortada que, paradójicamente, amplía el paisaje. Aquí el progresivo se hace caricia, paciencia y aire fresco: la demostración de que el género no es solo exceso, sino también la delicadeza de lo íntimo.

Neverness irrumpen después con World’s not enough. Apenas cuatro minutos en los que cabe un universo. Sus riffs respiran clasicismo y modernidad a la vez, sin ornamentos innecesarios. Es energía pura, un tema certero que confirma que lo inmenso no necesita de lo grandilocuente.

Con El Círculo de Willis y su Conduciendo amebas entramos en territorio lisérgico. Su música parece diseñada para una película imposible, un viaje entre el absurdo y lo sublime. En directo, siempre han sido un pasaje secreto hacia otro escenario: el cerebro como sala de conciertos. Es música que descoloca y obliga a mirar desde otro ángulo, y esa capacidad de subvertir la lógica es, quizá, lo que mantiene vivo al progresivo.

El siguiente corte es pura arqueología sonora: N.H.U. y su Tema 4A, grabado en 1975. Apenas dos minutos, pero dos minutos que saben a hallazgo en un archivo secreto. Ahí está todo: juventud, riesgo, ansia de experimentar en una época en la que pocos se atrevían. Escucharlo hoy es sentir cómo un germen de hace medio siglo todavía late con furia propia.

El sexto corte nos lo entrega Manoel Macía: Eje de sueños. Cada nota parece escrita en un cuaderno íntimo, y sin embargo se proyecta hacia afuera con frescura cristalina. Es un tema inédito de 2025 que suena a oasis en mitad del viaje: un instante de calma luminosa, una confesión hecha música.

Y sin darnos respiro, el disco se abre a su pieza central: la suite Tots som pops de Benet Nogué & Francesc Beltrán. Más de trece minutos en los que se cruzan jazz, progresivo, experimentación y humor soterrado. Es un eje, una columna vertebral, una demostración de que el progresivo puede estirarse sin fin siempre que haya propósito en cada giro y sentido en cada nota. Es Atila después de Atila, pura ambición sostenida por inteligencia musical.

Luego llega el patrimonio: Cerebrum y su Eagle death (1969). Rugosos, oscuros, valientes, sonaban cuando esa mezcla de hard y progresivo era casi un acto de insensatez. Escucharlos hoy es rendir homenaje a quienes se atrevieron a caminar sin mapa, sin público asegurado, solo con la certeza íntima de estar creando algo que debía existir.

El noveno corte, Resurrection de Ignatius (2011), cumple con lo que su título promete: es renacimiento. Una pieza melódica y sinfónica que carga de peso al volumen, reforzando esa sensación de viaje que nunca se rompe, que nunca decae.

Y el broche lo ponen Camaleón con su Nocturno ex. I & II, grabado en 1985. Una mini-suite íntima, recogida, que destila la densidad de la noche y la calma previa al amanecer. Cierra el círculo sin pirotecnia, pero con la honestidad que deja huella.

Este Volumen 8 no es un recopilatorio, es un relato de medio siglo de aventuras sonoras. Es la prueba de que el progresivo español es una saga de héroes anónimos, músicos que entregaron, y entregan, su vida al arte aunque los focos nunca se detuvieran en ellos.

Ahí radica la grandeza de 5 Lunas Producciones: rescatar, mimar, dar voz a lo olvidado y empujar hacia adelante lo que aún está naciendo. En una era de playlists desechables, este sello andaluz insiste en que la música es memoria, comunidad, legado. Este disco no es una lista de canciones: es un abrazo a todos los que alguna vez sentimos que el progresivo nos cambió la vida. Escucharlo de principio a fin es como sentarse a charlar con viejos amigos y descubrir que aún queda conversación por delante. Y eso, créeme, es el mejor regalo posible.

Hazte con él aquí.

jueves, agosto 28, 2025

PROGRESSIVE ROCK SIDE OF FIVE MOONS VOLUME 7

Hay recopilatorios que funcionan como álbumes de fotos: hojas amarillentas, retratos fijos, recuerdos congelados. Pero Progressive Rock Side of Five Moons volume 7, no es nada de eso. Esta nueva entrega, publicada por 5 Lunas Producciones, es un latido, un recordatorio de que el progresivo español sigue enseñando, sigue respirando y, lo más importante, sigue emocionando. 5 Lunas Producciones lleva años empeñado en rescatar del olvido lo que parecía condenado a ser nota a pie de página en enciclopedias, y este volumen confirma que el rock progresivo español no se resigna: nos enfrentamos con puro deleite a diez cortes que más que conformar un mosaico, son una conversación entre generaciones.

Abrir un disco así con “Esperpento” de Coché Vil Band no es casualidad. El título ya nos pone en guardia: aquí no hay complacencia, ni refugio en clichés de museo. Son casi diez minutos de aristas, teatralidad, humor ácido y tensión que nunca se resuelve del todo. Si el progresivo a veces peca de solemne, Coché Vil Band lo sacude, lo ensucia, lo devuelve a la calle. Este tema suena a clásico perdido de los 70, pero con el carácter del presente y, de algún modo, se convierte en el manifiesto secreto del disco: el progresivo español coetáneo no se duerme en los laureles.

Después de ese golpe inicial, llega la solidez de un clásico: Asfalto, con Castejón al frente, nos entrega su “Utopía suite”, once minutos que son una pequeña sinfonía urbana, cargada de melodías que se elevan con paciencia y épica contenida. La presencia de Asfalto en este recopilatorio no es un gesto de nostalgia, es un recordatorio de que los grandes siguen siendo grandes. Escuchar a Castejón aquí es reencontrarse con esa voz, con esa guitarra, con esa visión que ha marcado a varias generaciones. Yo sigo teniendo claro que detrás de la leyenda hay un músico que nunca ha perdido la curiosidad.

Y de la épica, aunque me salto un tema, pasamos a la intimidad con Jordi Sabatés y “Tot l’enyor de demà”. Es un tema breve, pero delicado como un cristal fino. Sabatés no necesita alardes: basta con un piano que acaricia y duele al mismo tiempo. Escucharlo aquí, en medio de tanto rugido progresivo, es un paréntesis necesario, un recordatorio de que el jazz rock y la fusión también pueden ser ternura, pueden ser poesía. Para mí hay algo más: el recuerdo de haber compartido conversaciones con él, de sentir su cercanía y su generosidad como artista y como persona. Tenerle en este volumen es, en cierto modo, rendir homenaje a toda una sensibilidad que ha dado al rock español una elegancia única.

Ahora sí, retomo el orden. Aparecen Le Tour de Force con “The genesis of the seven tides”, y todo cobra un aire de presente luminoso. Aquí la música no es arqueología, es juventud con hambre. El tema suena internacional, fresco, con una ambición que se atreve a mirar de tú a tú a los grandes referentes del progresivo, del jazz y del avantgarde, pero sin perder el acento propio. Hay un brillo en este corte, una claridad que invita a pensar que el progresivo tiene todavía mucho futuro si encuentra bandas con esta capacidad de reinventar lo clásico.

DOA aporta la veta folclórica del disco: un arreglo de raíz que suena antiguo y a la vez vívido. En pocas frases, la pista funciona como respiro orgánico basado en texturas acústicas, canto de tradición y arreglos que la modernizan, y cumple la misión de mostrar que el folk puede dialogar con el progresivo sin artificios. Lo diferencial: convertir una melodía tradicional en un puente natural entre pasado y presente.

“Grog”, de los madrileños Psicotropia, es filo en directo: densidad, cambios de tensión y una urgencia sonora que no pide permiso. Aquí lo orgánico se define en la dinámica del grupo, ritmo y contraste, no en lucimientos individuales; es músculo expresivo más que técnica exhibicionista. Para mí, sin duda, aporta la energía cruda y contemporánea que refresca todo el séptimo volumen.

“Evarist’s tune”, fechado en 1978 y rescatado como pieza arqueológica es, para mí, la grandísima sorpresa. Su valor no es la grandilocuencia sino la sutileza: melodías que respiran, arreglos de época (piano/órgano, solos contenidos) y un lirismo que sitúa a Acra, nacida tras la separación de Atila después de Reviure, en la estirpe catalana de finales de los 70. Nos asomamos a una ventana pequeña, pero reveladora, en uno de los momentos perdidos y fundacionales del progresivo local saboreando aromas laietano-canterburianos.

Si el progresivo español tiene una deuda pendiente, es con sus lenguas y culturas regionales. Zingira lo recuerda con “Berigada amaigabeak”, un corte breve, lírico, cantado en euskera, que destila un aire ritual casi hipnótico. No es la pieza más larga ni la más técnica, pero es de las que más huella deja. Hay algo en su atmósfera, en esa mezcla de folk vasco y progresivo experimental, que convierte esta canción en un pequeño talismán. Es música que resuena como una plegaria pagana, como una raíz que sigue viva bajo la tierra.

“Juegos prohibidos”, de Pere Llovet i Amics, nos regala un tema en el que la economía es virtud: pocos elementos, mucha expresividad. Funciona como ancla melódica en el disco, un gesto de memoria que humaniza la compilación y que dice mucho con lo justo.

Y para cerrar, nada mejor que Girón con “Modular moons”. Aquí el progresivo se transforma en planeadora escuela berlinesa, en un viaje cósmico tejido de sintetizadores y pulsos hipnóticos. Es una pieza larga, expansiva, que suena como un epílogo y a la vez como un inicio: un salto a la estratosfera que abre nuevas puertas. Con Girón, el volumen no se despide, se proyecta hacia adelante, recordándonos que el progresivo no tiene por qué ser solo sinfonías setenteras; también puede ser exploración electrónica, riesgo y vanguardia.

Lo más fascinante de este Volumen 7 es cómo conviven el pasado y el presente, lo consagrado y lo emergente. 5 Lunas Producciones no se limita a compilar: teje un relato donde los inéditos de hoy conversan con las joyas de ayer, y donde bandas de culto dialogan con grupos jóvenes que apenas empiezan a escribir su historia. Es un gesto de cariño hacia la escena, pero también un ejercicio de honestidad: aquí no hay museo, hay música viva, inquieta, que sigue latiendo con la misma mezcla de riesgo y ternura que siempre ha caracterizado al progresivo español.

Consíguelo aquí.

miércoles, agosto 27, 2025

ALTAIR: NOCHE MÁGICA (1989/2025)

Hay algo profundamente emocionante al escuchar un documento como Noche Mágica, un directo grabado en 1989 y dormido en un cajón hasta que 5 Lunas Producciones, con esa obstinación suya por rescatar joyas del progresivo español, decide devolverlo a la vida en 2025. El resultado es casi cinematográfico: de pronto estamos en el Parque González Hontoria de Jerez de la Frontera, viendo cómo un dúo improbable, batería y teclados, sin red de guitarra ni bajo, se atreve a levantar un universo sonoro que todavía hoy resulta sorprendente.

Altair eran Alfredo Arcusa, desplegando en la batería un pulso que respira entre la fuerza y la delicadeza, e Isabel Muniente, abriendo horizontes con teclados que parecen invocar constelaciones y caminos secretos. Lo hermoso es que el disco no pretende disfrazarse: “Tal como lo oyes” es exactamente eso, lo que ocurrió aquella noche verdaderamente fascinante, con las inevitables limitaciones de un directo, pero resuelto con una naturalidad y una capacidad que convierten cada nota en un testimonio genuino. La energía y la complicidad entre ambos logran que nos sumerjamos, como en el resto del directo, en un continuo diálogo vibrante.

Y claro, hay giros inesperados. “Eddy’s prelude” parece un guiño luminoso a los grandes del sinfónico, como si la sombra latente de Keith Emerson se deslizara un instante entre las notas, dejando un resplandor fugaz que todavía reverbera en el aire. Luego llegan piezas como “Oración del ermitaño”, íntima y recogida, o “El gaucho matrero”, que rompe solemnidades y se lanza al galope con un desparpajo contagioso. Y es que cada tema recuerda que este dúo sabía jugar con la tensión entre lo solemne y lo festivo, entre la épica y lo cotidiano.

Que este concierto vea la luz más de tres décadas después no es solo un rescate discográfico: es un gesto de cariño hacia una escena que rara vez se concedió la visibilidad que merecía. Ahí está la mano de 5 Lunas Producciones, empeñada en que el progresivo español no quede enterrado en hemerotecas ni en colecciones privadas. Y escuchando Noche Mágica uno agradece ese empeño: porque esto no es un recuerdo marchito, es música viva, inquieta, que vuelve a sorprendernos como si el tiempo no hubiera pasado.

Consíguelo aquí.

sábado, agosto 23, 2025

CRESSIDA (1970)

¿Recuerdas aquella vieja sensación al descubrir grupos como Moody Blues, Beggars Opera, Cirkus, Spring o Fantasy? Pues Cressida jugaron en esa misma liga, aunque, como la mayoría de los citados, ellos tampoco tuvieron la suerte de vender millones ni de llenar estadios. Su debut de 1970 en Vertigo suena como un diario íntimo escrito a media luz, pensado para ser recitado entre brumas más que para ser declamado ante multitudes. Un álbum que se abre tímido con “To play your little game” y pronto te atrapa en un mundo de órgano Hammond nebuloso y voces frágiles que se sienten como un secreto compartido.

Lo fascinante de Cressida es que no compite en grandilocuencia. Donde King Crimson alzaba catedrales sonoras y Genesis bordaba epopeyas, Cressida prefería levantar poemarios acogedores de belleza lírica. Escucha “Winter is coming again” o “Depression”: no son proclamas de gloria, son confesiones íntimas, relatos de invierno, melancolía abrigada en tres o cuatro minutos. Angus Cullen canta como quien duda de ser escuchado, y ese es precisamente el truco: te obliga a acercar el oído, como cuando alguien te habla en voz baja y no puedes evitar preguntar para querer saber más. Aquí es donde Cressida se adentra en los terrenos del downer rock, un estilo definido por su melancolía y la introspección que marca sus melodías y atmósferas.

El destino fue cruel. Su disco apareció el mismo día que el debut de Black Sabbath: mientras unos inventaban el heavy metal y acaparaban titulares, Cressida ofrecía el lado más frágil del progresivo, destinado a pasar desapercibido. Pero medio siglo después, el contraste los hace aún más fascinantes. “Tomorrow is a whole new day” no es un himno, es una rendición bellísima, como un amanecer apagado que sabe que traerá más luces que sombras. Y en esa renuncia está la verdadera épica: no la del clamor, sino la del susurro.

Escuchar hoy este álbum es entrar en un refugio secreto. No hay solos interminables ni pretensiones cósmicas, sólo canciones bien tejidas que respiran melancolía y belleza callada. Quizá por eso quienes lo descubren lo guardan en la memoria: Cressida no busca fascinar a todo el mundo, sino tocar suavemente a quien lo encuentra casi por casualidad. El vinilo parece tenderte la mano, diciendo que tu nostalgia tiene ecos en el pasado, que en 1970 otros la vivieron de la misma manera. Y ese puente invisible entre generaciones, esa complicidad íntima, es lo que convierte este disco en un tesoro escondido.

martes, agosto 19, 2025

MALABRIEGA: FRIPPADA ANDALUZA (2025)


Frippada Andaluza, el nuevo álbum de los sevillanos Malabriega, expone un trabajo ambicioso y rotundo que confirma su madurez artística. Se publica de la mano de Astronomy Recording Music y encuentra en la distribución de áMarxe el cauce natural para viajar más allá de Andalucía sin perder la raíz. Y lo curioso es que no parece un intento de agradar a todos, sino que más bien se trata de un ejercicio de identidad sin complejos, de esos que resultan extrañamente universales cuando más locales suenan.

Malabriega no son recién llegados: llevan rodando desde 2009 con su particular “rock de la tierra”, un mestizaje de progresivo, flamenco y jazz. Ya habían mostrado su carácter en Fiebre (2017), pero aquí se nota que han madurado sin perder el apetito por la búsqueda. Juan Castro (voz), Joaquín Sainz (guitarra eléctrica), Manuel “Noly” Soto (guitarra española), Sergio Carmona (bajo) y Raúl Gómez (batería) suenan como una banda que ha aprendido a dialogar sin estorbarse, a dejar que cada instrumento diga lo suyo sin eclipsar al otro.

El disco se abre  con una declaración de intenciones a través de la suite homónima, diez minutos que recuerdan tanto a los paisajes eléctricos de Robert Fripp como a las cadencias flamencas, con un desarrollo cercano al post-rock y un pulso progresivo que no renuncia a la raíz. Es, sin duda, la pieza que define el carácter del disco, un poderoso ejercicio que huye de la nostalgia y las fórmulas gastadas. El resto del álbum mantiene ese diálogo entre tradición y modernidad. “Tu pelo” y “El duelo” exploran un registro más directo y emocional, mientras que “¿Qué será?” y “Calamidad” refuerzan la carga rítmica y la densidad sonora de la banda. “La levedad del ser” y “Reflejo vacío” se inclinan hacia la introspección, mientras que “Reencuentro” funciona como un delicado interludio. Las letras de Juan Castro sostienen todo el conjunto, reivindicando una identidad andaluza contemporánea, con un pie en la herencia cultural y otro en la experimentación.

Uno escucha Frippada Andaluza y entiende que no es un gesto aislado, sino un paso adelante en una trayectoria coherente. El sonido es pulcro, la producción cuidada, pero lo importante está en esa sensación de que Malabriega no está repitiendo esquemas: está abriendo camino. Y si áMarxe se ocupa de llevar este latido andaluz más allá, es porque sabe que, a veces, lo más radical no es el estruendo pasajero, sino lo que permanece en la memoria.

Escúchalo y cómpralo aquí.