martes, julio 29, 2025

BAULUNA: MARESÍA (2025)

Desde las primeras notas de Maresía, uno siente que Bauluna no ha grabado un disco, sino que ha abierto una ventana a otro mundo. Un mundo salado, brillante y ondulante, donde la música no se compone: se encuentra, se escucha en las piedras y en el vaivén del agua. Este no es un álbum encerrado entre paredes de estudio, sino algo que parece haber sido tejido al borde del mar, entre espuma y viento. Eric Baulenas, discreto y preciso, se hace cargo de todos los instrumentos con una delicadeza tan íntima que por momentos uno se siente invitado a una conversación con la naturaleza misma. Hay algo en Maresía que no se puede explicar del todo… pero que se entiende profundamente, como una emoción latente que regresa para conmovernos.

Bauluna no es un recién llegado. Su travesía sonora, nacida en sus orígenes como dúo, comenzó con Healand en 2013, siguió explorando con Lunacy (2014) y en Aligned (2019) ya asomaban esos paisajes emotivos plenos de un krautrock de textura progresiva. Pero aquí, en Maresía, hay algo que ha cambiado. Eric parece haber encontrado el cauce justo de su río sonoro: más pausado, más sabio, más orgánico. Cada tema es un microcosmos que respira con su propio ritmo, con una narrativa sin palabras que nos habla de evolución, de silencio, de agua. Es un disco que no se impone, pero que cala hondo, como una lluvia lenta que, sin darnos cuenta, empapa el alma entera.

Hay algo profundamente humano en esta obra que se inspira en mundos de agua, los que existieron, los que existen y los que imaginamos. Es una música que fluye con naturalidad desde la quietud más serena hasta esos momentos donde los teclados se alzan como olas majestuosas, y las guitarras se estiran como luces que se funden con un horizonte salpicado por reflejos de sol vital. Es progresivo, sí, pero no en el sentido técnico o virtuoso abrumador, sino en ese otro modo más honesto y emotivo: el que va hacia adelante porque tiene algo que contar, algo que mostrar del mundo y de uno mismo. En ocasiones evoca a Popol Vuh, a un primer Deuter, a los Tangerine Dream más contemplativos que sabían explorar mundos desde el suelo. Pero siempre suena a sí mismo.

Maresía, como el viento que lleva la sal a la piel, nos toca sin hacernos daño. Es un álbum que hay que escuchar sin prisas, quizá en la orilla de algún mar real o imaginario, con la luna mirándonos. Es música que no necesita levantar la voz porque tiene belleza de sobra. Es un susurro que se convierte en abrazo. Bauluna nos regala algo maravilloso: un disco de una belleza talásica, profunda y salina, como una corriente submarina que arrastra paisajes emocionales sumergidos. Una obra que reafirma el poder de lo atmosférico, lo líquido y lo contemplativo con una música siempre lista para abrazar las corrientes más profundas.

lunes, julio 28, 2025

PROGRESSIVE ROCK SIDE OF FIVE MOONS. VOLUME 6 (2025)

Con portada de Tomás Gómez, quien diseñara la primera de Imán, Califato Independiente, Progressive Rock Side of Five Moons Volume 6 no es sólo un disco: es una conversación íntima con medio siglo de sensibilidad musical. En esta nueva entrega, los incansables buscadores de sonidos de 5 Lunas Producciones nos invitan de nuevo a ese lugar donde el rock progresivo español, en su forma más genuina y generosa, respira sin fecha de caducidad. Lo que encontramos aquí no es una colección de temas, sino una selección honesta, mimada, con la ternura del que pone un CD con la esperanza de descubrir un secreto. Desde los años setenta hasta hoy, lo que late en estas canciones es un mismo pulso: el de quienes hacen música como forma de vida.

La travesía comienza con “Black hole”, de Unoma, que desde Barcelona nos lleva a esos rincones donde los silencios valen tanto como las notas. Fidel Vázquez traza líneas de guitarra que no solo suenan: parecen hablarnos desde la otra orilla del tiempo, evocando a Camel, pero con alma propia. Después llega Yünklaz II desde Gijón, con “Red awakening”, una inmersión hipnótica en la psicodelia kraut, de las que alteran suavemente la conciencia: percusiones como latidos tribales, teclados con aroma de niebla y un color sonoro que parece venir de una ciudad soñada. Y entonces, sin pedir permiso, irrumpen los zaragozanos Architects of Hysteria con “Tangerines bananas”, un estallido barroco de precisión y locura: ecos de Zappa, del RIO o del hard rock más aventurero, como una conversación entre cerebros inquietos y corazones desbocados. Y luego Amarok, que en “Sueño de carne y espuma” nos da algo mucho más que una canción inédita: nos entrega un susurro mediterráneo, con la voz de Marta Segura flotando como una pluma, sobre aromas de cuerdas, que no parece de este mundo.

El discurrir fluido de este viaje suena como el otro lado del espejo que, con “Caribe”, de Insigne, nos llega desde Santander como una postal sonora filmada por Fellini: jazz, psicodelia y blues fundidos en una elegancia cinematográfica que no teme la ternura. Joan Díaz, desde Barcelona, firma “Foc”, donde la escuela laietana resucita en capas densas y emotivas, llenas de matices que se saborean como un vino viejo. En “Random”, Juan Belda y Hugo Westerdahl (Islas Canarias) se atreven con una rareza exquisita: unos King Crimson deformados por el surrealismo, y la voz sampleada de William Burroughs como guía en este descenso poético al subconsciente. “Continuo despertar, part 1”, de un exquisito Víctor Estrada, suma a músicos de Amarok y un arpa celta para ofrecernos un pasaje emocional que resuena con el espíritu de un Mike Oldfield clásico teñido de la sensibilidad contemporánea. Y justo cuando pensábamos haberlo oído todo, Xavi Reija (Barcelona) entrega “John’s song”, con una batería que parece contar historias: precisión y alma, fuerza y matiz, una fusión que acaricia tanto como sacude. Y el broche lo pone Mariano Lozano-P, desde Granada, con “Tanger-iné”, una joya planeante que mira hacia Berlín con la nostalgia de quien amó aquella electrónica emocional, introspectiva, y profundamente humana.

Este volumen no es, ni quiere serlo, un resumen; es una carta de amor a un género y a un país que lo ha entendido a su manera. Cada tema es un acto de resistencia contra la prisa, una invitación a escuchar de verdad. Entre inéditos que son tesoros y algunos músicos anónimos que deberían haber llenado escenarios, este disco se siente como un viejo amigo que vuelve con historias nuevas. Porque sí, aquí el corazón del progresivo español no solo late: canta, sueña y, como siempre, sigue caminando hacia lo desconocido.

Hazte con él en 5 Lunas Producciones

sábado, junio 28, 2025

ALTAIR (1989/2025)

Desde los primeros compases del extraordinario inicio con “Nuevo horizonte”, hasta las atmósferas dinámicas que se oscurecen con toques clásicos en la conclusión, “Placido paseo”, uno siente que está ante algo más que una simple reedición: es una resurrección, una invocación del alma profunda del rock progresivo español. Altair, aquel dúo barcelonés que soñaba a lo grande, formado por Alfredo G. Arcusa e Isabel Muniente, vuelve a publicar, 35 años después, su álbum homónimo gracias a la labor impecable del sello andaluz 5 Lunas Producciones, que nos entrega una reedición tan cuidada como necesaria. La música, íntegramente instrumental, oscila entre la complejidad técnica y una sensibilidad admirable, en un universo sonoro donde los teclados y la batería conversan con una fuerza que atraviesa el tiempo. Lo que estos dos músicos lograron en 1989, sin redes ni etiquetas, es pura alquimia sonora, es el sello único de dos músicos que, sin más acompañamiento, creaban paisajes sonoros complejos, pulcros y, sobre todo, profundamente humanos.

Cada tema del disco es un capítulo de una obra mayor. Desde la épica sin palabras de “Estrella en el camino”, que recuerda a las catedrales sonoras de ELP, hasta esa bella introspección que preside “Sin presente”, donde el torrente melódico se vuelve confesional, íntimo, casi secreto, Altair no busca simplemente impresionar: busca conmover. Y lo consigue. El diálogo entre la batería de Arcusa —precisa, dramática, enérgica— y los teclados de Muniente —luminosos, expansivos, melódicos— conforma un tejido musical tan intrincado como emocional. Incluso en el directo “En la espesura”, grabado en Barcelona en 1989 e incluido como joya final de esta edición, uno siente que está allí, en la penumbra de una sala, dejándose arrastrar por una ola de belleza instrumental que no necesita de palabras para doler o deslumbrar.

Lo que convierte a esta reedición en algo verdaderamente excepcional no es sólo la calidad de la música, sino el cuidado con el que ha sido devuelta al presente. La nueva masterización a cargo de Albert Guitart respeta cada matiz original mientras le da un brillo renovado, más vivo, más profundo. El diseño gráfico, que respeta la portada original del artista Manel Rueda, y el impecable trabajo visual de Rafa Tardío, no es sólo un envoltorio, es un homenaje. Y detrás de todo esto está la pasión palpable de 5 Lunas Producciones, un sello que no sólo rescata discos: rescata memoria, historia, legado. Se nota el amor por el género, se nota el respeto por el arte. Este tipo de reediciones no se hacen por negocio. Se hacen por necesidad espiritual.

En resumidas cuentas, Altair no sólo nos entregó un disco; nos brindó un faro sonoro en la niebla del tiempo, un viaje de regreso a lo esencial envuelto en ecos cósmicos. Cada nota es un latido sincero, cada tema, un puente entre la nostalgia y la esperanza. Es música que no se escucha: se abraza.

Hazte con él en 5 Lunas Producciones

miércoles, junio 11, 2025

PROGRESSIVE ROCK SIDE OF FIVE MOONS. VOLUME 5 (2025)

 

Resucitar sonidos que parecían condenados al olvido, como quien sopla el polvo de un tesoro perdido en el desván profundo del alma. Eso es lo que logra esta quinta entrega de Progressive Rock Side of Five Moons, un proyecto que más que una recopilación es una labor arqueológica del corazón, impulsada por el equipo de 5 Lunas Producciones. Desde la primera nota de Arcabuz y su “Música después de la vida”, uno se siente atrapado por una brisa andaluza que sopla desde Santa Coloma de Gramenet: atmósferas de otra era que nos recuerdan que el espíritu del progresivo español sigue muy vivo, si se sabe escuchar con el oído del espíritu.

Alms, la criatura sonora del asturiano Aitor Lucena, nos ofrece en “Avaritia” una catedral de sonidos sombríos y místicos, con resonancias que beben del sinfonismo italiano. En cambio, el navarro Adolfo Alcocer, bajo su alias Mondo Infiel, nos regala con “El ser de la necesidad” una de las joyas del álbum: una pieza extensa, bella, cargada de tensión emocional, donde las guitarras respiran como si fueran seres vivos y el folclore se funde con la psicodelia en un suspiro que trasciende las épocas. Luego llegan los catalanes Golem, veteranos del final de los ochenta, que en “Jedraque” construyen una pequeña sinfonía mediterránea de flauta vibrante, aires de RPI y una nostalgia que es todo menos triste.

Desde Andorra, Hysteriofunk nos hacen levitar con la elegancia jazz-rock de “Óscar Car”, una suite que fluye como un río que ha aprendido a improvisar su cauce. Le siguen los montañeses Zrio con su brevísima pero deliciosa “Blue frog”, juguetona y erudita, cruzando con naturalidad el jazz, la clásica y el rock. En Goio, multiinstrumentista bilbaíno, hallamos un testimonio íntimo: “Momentos” es una pequeña obra de cámara progresiva, de teclados y voces suaves, tan discreta como inolvidable, una postal musical de melancolía moderna.

Y cuando crees haberlo oído todo, llegan tres gigantes. Pi2, que con “The acid rain” desatan una tormenta majestuosa de 10 minutos donde el barroco progresivo se vuelve contemporáneo, libre y poderoso. El Tubo Elástico, herederos del virtuosismo instrumental andaluz, firman con “El Marciano” un sentido viaje cósmico de movimiento ondulante, ritmo vital y precisión melódica que parece esculpido en la atrayente ingravidez del Cosmos. El broche lo pone Gòtic, los legendarios barceloneses que en “Història d'una gota d’aigua” derraman belleza en forma de música: una pieza que no solo cierra el disco, sino que lo corona como lo que es: un monumento a la sensibilidad, a la persistencia del arte sin etiquetas, a la belleza que no caduca. Este volumen 5 no es un disco, es una carta de amor al progresivo español. Y, amigos míos, ojalá todos los discos provocaran un sentimiento igual.

Adquiérelo aquí: https://5lunas.net/producto/progressive-rock-side-of-five-moons-vol-5-cd/

viernes, mayo 23, 2025

TOM PENAGUIN: BEGINNINGS (2025)

Hay discos que te sorprenden por lo que contienen y otros por lo que insinúan, como si fueran cartas arrojadas al mar en una botella y recuperadas mucho tiempo después. Beginnings de Tom Penaguin es eso y más: un cofre rescatado de la adolescencia de un músico que, sin saberlo aún, ya respiraba la misma extraña bruma que flotaba sobre Canterbury en los años dorados. Desde los primeros compases de “Long piece n.º 1”, uno siente la presencia de una mente obstinada, encantada con la idea de construir mundos sin preocuparse de si alguien más querrá habitarlos. Y vaya si los queremos. Hay una autenticidad abrumadora en estos temas: no es música buscando impresionar, es música hecha por necesidad vital.

Cada pista parece una pequeña historia contada por un narrador omnisciente con desarrollos que podrían ser sueños recuperados de Robert Wyatt o Steve Hillage tras una tormenta de otoño cantuarense. Y así acuden a mi mente “Ominous bathtub in April” o “The tap dancing millipede grew tired” y esos desarrollos musicales que no temen serpenteos largos, pausas dramáticas ni desvíos absurdos. Y lo mejor: no hay ninguna prisa. Escucharlo ha sido encontrar una vieja grabadora con cintas olvidadas en un desván y descubrir que hay una voz allí, una que ya conocías aunque no sepas dónde la habías escuchado antes. El sonido es a veces crudo, a veces deliciosamente inacabado, pero siempre honesto, siempre movido por una convicción que no se puede fingir.

El cierre, con esos monolitos denominados “Hamburg’s heaviest pebble” y “Long piece n.º 1 five years later”, es sencillamente glorioso. No hay pretensión aquí, solo un amor profundo por el arte de moldear el tiempo con notas. Es un álbum que, afortunadamente, no se preocupa por las modas ni por la fidelidad del sonido, sino por la del alma. Uno se imagina a un impúber Penaguin componiendo estas piezas con la misma seriedad que un alquimista aficionado: esperando que algo mágico ocurra, y vaya si ocurre. Beginnings se debe considerar, irónicamente, como un final perfecto para la inocencia musical, un inicio rotundo de una carrera fascinante.

sábado, mayo 10, 2025

MEZQUITA: MADE IN SPAIN (2025)

Cuando 30 Aniversario en Directo, autoeditado, vio la luz en 2011, fue como si una desafiante corriente eléctrica recorriera la espina dorsal del rock andaluz. Mezquita con Made in Spain ahora, no sólo rescata aquel pulso, sino que lo amplifica con una calidez sonora que envuelve al oyente como un recuerdo querido. Escuchar de nuevo a los cordobeses de Mezquita es redescubrir una joya que nunca debió quedar relegada a las estanterías del culto; es reencontrarse con una España que soñaba en compases de 7/8 y guitarras que lloraban con sabor a azahar y sombra de calle blanca, fundiendo lo ancestral con lo visionario.

Esta nueva edición promovida por 5 Lunas Producciones, remezclada y masterizada con mimo y devoción, resalta la maestría instrumental del grupo como pocas veces se había logrado. Las capas y solos de teclados de Roscka, el virtuosismo a las seis cuerdas de Rafa Roso, el bajo elegante, siempre ha sido así, de Randy López y la batería precisa de Eduardo Viñolo suenan ahora, con un sonido enormemente mejorado catorce años después, resistiendo el inexorable paso del tiempo y eso, precisamente, es lo que hace de esta reedición un regalo tan conmovedor: el testimonio de una época que sigue latiendo poderosamente bajo las cenizas del olvido.

Esta producción esencial, no es solo un documento para coleccionistas; es una carta de amor devoto de una generación de músicos que se atrevió a fusionar raíces sin complejos, mezclando flamenco y sinfonismo con una audacia que todavía desafía etiquetas. Escuchar temas como “Recuerdos de mi tierra” o “El bizco de los patios” con esta limpieza sonora es como ver restaurado un fresco antiguo: los colores resplandecen, y las emociones cobran vida. Además, en su formato de doble vinilo, incluyen, en su cuarta cara, media docena de imprescindibles temas inéditos, uno en estudio y el resto en el local de ensayo, procedentes de los archivos del grupo (2 de ellos ya aparecieron en el trigésimo aniversario) lo cual, como curiosidad, supone uno más que en la edición en CD, algo efectivamente insólito.

Made in Spain no es una dócil reedición; es un acto de justicia poética. Una manera de decir que lo nuestro, cuando está hecho con verdad, tiene la misma altura que cualquier legado progresivo internacional. Mezquita no solo hizo música, hizo historia. Y este lanzamiento es una oportunidad para que nuevas generaciones se emocionen con el eco de una Córdoba que sonaba a Hammond, duende y revolución.

sábado, abril 26, 2025

EKZILO: QUANTUM PHASE TRANSITION (2025)

Hay álbumes que no se limitan a sonar; respiran, vibran, te hablan desde otro plano. Quantum Phase Transition, el último concepto de Ekzilo, es uno de ellos. Desde los primeros compases de este abrumador trabajo de estilo, uno se ve envuelto en una atmósfera que va más allá de lo musical: nos sumergimos en un universo sonoro que no busca agradar, sino conmover. En este rico lienzo cósmico lleno de matices, la banda española despliega una calidad desbordante, tejida con una sensibilidad artística que solo aparece en momentos muy contados del panorama musical actual. Pocas veces me he sentido tan sacudido, tan seducido por la música, como al recorrer este disco.

Para aquellos que buscan un significado desde el título, Quantum Phase Transition no es solo una evocación científica: es el eje simbólico que articula todo el álbum. Inspirado en ese instante invisible en que la materia cambia de estado sin previo aviso, Ekzilo traza una poderosa metáfora de nuestro tiempo. Esta obra es un relato de la complejidad del mundo y, al mismo tiempo, una intuición de lo que podría haber más allá. Desde la crudeza medieval de “Patibulum”, que evoca el tormento de un reo acusado de brujería, con esas voces guturales que no son estilo, sino expresión de rabia y desesperación de quien aún cree en algo mejor, hasta “Evolution”, un recorrido por la historia de la humanidad donde el progreso a menudo parece más una ilusión que un hecho, el disco funciona como un espejo sonoro de nuestras luces y nuestras sombras. Y, aun así, pese a tanta densidad emocional, Ekzilo lanza un mensaje de esperanza, como si la música pudiera, de algún modo, abrir un resquicio entre el caos y lo posible.

Este no es solo un álbum de rock progresivo; es un ser vivo en evolución. Cada pieza se encadena con la siguiente, construyendo una narrativa sonora guiada por unos teclados que colorean y reconfortan, y unas guitarras, de lo mejor que hay en nuestro país, que no solo interpretan: respiran, suspiran, empujan. La sección rítmica es un reloj emocional que no marca el tiempo, sino el pulso del alma. En temas como “La fábrica de barro” o “Dunas”, mi favorito personal, uno puede casi tocar con los dedos la mezcla de tradición y modernidad, ese sabor a tierra y mar que huele a península y a historia, a baile renacentista del norte o del Mediterráneo y a resurrección musical. Y entonces lo entiendes todo: no estás simplemente escuchando, estás viviendo una transición, una transición cuántica, sí, pero también espiritual, casi mística, en la que el dolor, la furia y la esperanza conviven como en la historia de ese reo condenado, “Brujería”,  que aún sueña con el mañana.

Y qué decir de “Evolution”, esa suite majestuosa que bien podría resumir la historia de nuestra especie con una claridad pasmosa: tropiezos, retrocesos, avances, y esa obstinada luz que no se apaga. Pero lo que más conmueve de este álbum no es su despliegue técnico (impecable), ni su abanico estilístico (asombroso), sino el milagro de que, a pesar de su complejidad, te deja con el corazón en calma. Quantum Phase Transition no solo ha elevado a Ekzilo a nuevas alturas; nos ha elevado también a nosotros, los oyentes. Es música que te alimenta sin pedir permiso. Y, francamente, es una bendición que aún exista Arte así.

domingo, abril 13, 2025

GROBSCHNITT: THE HISTORY OF SOLAR MUSIC 3

The History Of Solar Music 3 es una joya para los amantes del rock progresivo, ofreciendo una inmersión profunda en la evolución sonora de la banda a través de grabaciones en vivo de los años 60, 70 y 80. Este doble CD captura la esencia de "Solar Music", una pieza instrumental emblemática que, en estas versiones, se despliega con una energía y creatividad desbordantes, transportando al oyente a un viaje cósmico inolvidable.​

Los temas provienen de actuaciones en diversas localidades alemanas, como la ofrecida en el Schützenhalle de Meschede en 1981 y las del THG Gymnasium en Hagen en 1969 y 1975, reflejando la capacidad de Grobschnitt para reinventar "Solar Music" en cada presentación. La formación que da vida a estas interpretaciones incluye a Joachim Heinz Ehrig (Eroc), batería, Gerd-Otto Kühn (Lupo), guitarras, Stefan Danielak (Wildschwein), guitarra y voz, Volker Kahrs (Mist), teclados, y Milla Kapolke en el bajo, entre otros músicos que contribuyeron a la riqueza sonora del grupo.​

La recopilación de estas piezas es el resultado de una cuidadosa selección de material inédito y poco habitual, ofreciendo a los seguidores una perspectiva única de la evolución de "Solar Music" a lo largo de los años. La dedicación de la banda para brindar experiencias únicas en vivo se refleja en cada pista, haciendo de este álbum una pieza imprescindible para comprender la magnitud artística de Grobschnitt.​

Esta edición en doble CD me supuso un afortunado impacto, revelando la maestría y pasión de Grobschnitt en sus actuaciones en vivo. Es un testimonio vibrante de su legado en el rock progresivo y una invitación a redescubrir la magia de "Solar Music" en su máxima expresión. Totalmente recomendado, sin ninguna duda.

EMERSON, LAKE & PALMER: TARKUS (1971)

¿Qué es lo que no se ha dicho todavía de Tarkus, piedra angular del rock progresivo de todos los tiempos? Tal vez que no es un álbum, sino una cosmogonía. No es un conjunto de canciones, sino una visión apocalíptica que emerge en forma de armadillo mecanizado, mitad tanque, mitad oráculo. A estas alturas todos han hablado del virtuosismo, de los compases imposibles, de los sintetizadores al borde de la locura, pero nadie parece haber señalado lo más obvio: Tarkus no quiere gustarte. Quiere derrotarte. Quiere sentarte frente a sus siete movimientos y obligarte a enfrentarte a tu propia irrelevancia musical. Emerson no interpreta, exorciza. Lake no canta, seduce. Y Palmer, bueno, Palmer convierte su batería en un campo de batalla, donde cada golpe es un proyectil lanzado desde su arsenal percusivo.

Cara A: una suite de más de 20 minutos que desafía no solo la lógica narrativa, sino también nuestras propias expectativas emocionales. “Eruption” irrumpe con una intensidad telúrica, una avalancha de teclas que no pide permiso. “Stones of years” nos ofrece un remanso melancólico, una balada sumergida en un magma progresivo que arde con dulzura contenida. A medida que avanzamos hacia “Manticore”, el paisaje se ha vuelto onírico, como si estuviéramos recorriendo un relato de ciencia ficción contado por un trovador del siglo XX. La música aquí no pelea, transforma. En “Battlefield”, Greg Lake desliza una guitarra herida, con un timbre que roza lo confesional, como si intentara reconstruir algo sagrado entre los restos emocionales de lo que hemos vivido. Y cuando llega “Aquatarkus”, el cierre no resuelve, sino que transfigura: el mítico armadillo ya no es una bestia mecánica, sino una criatura fluida, cósmica, que ha aprendido a flotar. Tú también, inevitablemente, has cambiado.

Cara B: el despertar del viaje cósmico. “Jeremy Bender” aparece como un guiño inesperado, una travesura musical que disipa la solemnidad anterior con una sonrisa casi teatral. Tras esto, “Bitches crystal” y “The only way (Hymn)” se encargan de recordarte que lo sagrado y lo salvaje pueden coexistir, que hay algo profundamente humano en la mezcla de un órgano eclesiástico con la energía cruda del virtuosismo eléctrico. Escuchar “Infinite Space” y “A Time And A Place” es como presenciar una revelación sonora: las melodías no parecen compuestas, sino descubiertas, como si siempre hubieran estado ahí, esperando ser escuchadas entre los pulsos del Universo. Y al final, “Are you ready, Eddy?” llega como una carcajada cómplice, una ráfaga resplandeciente que te devuelve a la realidad con ritmo contagioso y el afecto de quien sabe que acaba de compartir contigo algo irrepetible. Todo lo anterior no fue un sueño, pero tampoco algo completamente de este mundo.

Tarkus no es un álbum para escuchar: es un álbum para sobrevivir. Es la banda sonora de una cruenta batalla entre la tradición y la tecnología, entre el exceso barroco y el minimalismo brutal. Una arcana criatura nacida del cruce entre Bach, Moog y Lord Dunsany, con William Neal pintando la portada como si supiera que nadie jamás captaría todo el mensaje. Lo hermoso, y también lo terrible, de Tarkus es que no tiene final: es un espejo progresivo que se adapta a quien lo escucha. Algunos ven un monstruo técnico. Otros, una obra maestra. Yo veo un disco que se ríe de nosotros mientras intentamos definirlo. Y esa, amigos, es exactamente la razón por la que lo seguiré escuchando, eón tras eón.

sábado, abril 12, 2025

HATFIELD AND THE NORTH (1974)

El álbum debut de Hatfield and the North, lanzado en 1974 por el sello Virgin, es una de las piedras angulares del movimiento de Canterbury, donde convergen el jazz-rock, la psicodelia y el progresivo británico con una naturalidad inquietante. Formado por músicos provenientes de bandas como Caravan, Egg o Matching Mole, el grupo construye un universo sonoro en el que la técnica se pone al servicio de la propia música, la exploración y la sensibilidad melódica. A lo largo de los quince cortes que conforman el LP, la banda evita el formato canción, apostando por una secuencia fluida de pasajes que se entrelazan como si fueran parte de un sueño continuo.

La participación de voces femeninas etéreas (las Northettes: Amanda Parsons, Barbara Gaskin y Ann Rosenthal), así como la aparición estelar de Robert Wyatt en “Calyx”, otorgan al disco una dimensión coral y vaporosa que acentúa su carácter onírico. Los títulos de las piezas, tan excéntricos como “Lobster in cleavage probe” o “Gigantic land crabs in Earth takeover bid”, revelan el humor británico y la irreverencia lúdica del grupo, sin que esto reste profundidad musical. La interpretación instrumental es impecable: las líneas de bajo de Sinclair son juguetonas pero precisas, los teclados de Stewart aportan color y misterio, y la batería de Pyle aporta una fluidez rítmica inusual, más cercana al jazz que al rock.

Grabado en The Manor y coproducido por Tom Newman, el álbum suena intemporal, como si hubiese sido compuesto al margen de modas o expectativas comerciales. Su estructura fragmentada, lejos de desorientar, invita a una escucha abierta y contemplativa. Más que un producto de estudio, se percibe como una conversación constante entre músicos que se conocen profundamente y que entienden la música como una forma de libertad compartida.

Hatfield and the North no busca impactar, sino permanecer. Es un álbum que emociona, que asombra sin necesidad de imponerse. En su aparente ligereza se esconde una de las obras más delicadas y personales del progresivo británico. Escucharlo es recordar que la música, cuando nace del juego honesto entre amigos, puede tocar lugares que ni siquiera sabíamos que teníamos dentro.

sábado, abril 05, 2025

TRIBU: QUÈ HEM DE FER? (1980)

El álbum es una obra vibrante que fusiona con maestría el jazz rock con la alegría del folclore mediterráneo. Desde los primeros compases de "Elefants", el oyente es transportado a un mundo sonoro dinámico donde la improvisación jazzística se entrelaza con ritmos festivos y melodías populares. La instrumentación es rica y variada, con la trompeta de Josep Lluis Soler y el violín de Ferrán Saló aportando un colorido singular, mientras que el piano eléctrico de Maurici Villavecchia y la percusión enérgica de Santi Arisa refuerzan el carácter efervescente del disco. Cada pieza del álbum destila una energía contagiosa que convierte la escucha en una experiencia emotiva y emocionante.

Uno de los aspectos más sorprendentes de Què Hem de Fer? es su equilibrio entre la sofisticación técnica y la accesibilidad. Canciones como "El galliner" y "Rock de la gana" ejemplifican cómo el grupo logra mantener una estructura rítmica compleja sin perder el espíritu lúdico que caracteriza su música. La inclusión de instrumentos como el acordeón y la flauta dulce, sumado a las voces festivas, refuerzan la sensación de celebración. La producción, aunque fiel a su época, deja espacio para que cada instrumento brille con claridad, demostrando la gran calidad musical de Tribu y su capacidad para reinventar las tradiciones sonoras catalanas dentro de un marco moderno e innovador.

Más allá de su riqueza musical, Què Hem de Fer? transmite un mensaje optimista y vitalista que resuena incluso décadas después de su lanzamiento. La música de Tribu no solo puede invitar a fiesta y a diversión, sino que también evoca un sentimiento de comunidad y alegría compartida. Es un recordatorio de que, incluso en tiempos de incertidumbre, la celebración y la unión pueden ser respuestas poderosas. Con este álbum, Tribu logró algo más que una fusión de géneros: creó una experiencia sonora que sigue irradiando entusiasmo y pasión por la música, dejando huella en quienes se atreven con su propuesta.

viernes, abril 04, 2025

BIRTH CONTROL: BACKDOOR POSSIBILITIES (1976)

Backdoor Possibilities (1976) es, para mí, la cima absoluta del espíritu progresivo dentro de la discografía de esta banda berlinesa que nunca temió ir más allá de sus límites. Desde el primer sonido hasta el último acorde, es una obra maestra de principio a fin. En este disco, el grupo dio un paso más allá de su hard rock psicodélico habitual para sumergirse en un océano de estructuras complejas, teatralidad y desarrollo narrativo. Cada tema se desplegaba con una tensión dramática constante, un equilibrio perfecto entre la exploración técnica y la emoción visceral. Lo que antes eran destellos progresivos, aquí se convierten en una columna vertebral imponente.

Lo que más me admira es la manera en que los teclados de Zeus B. Held se convierten en auténticos arquitectos del sonido. Hay una utilización masiva, y gloriosamente justificada, de sintetizadores, pianos eléctricos y órganos, que le otorgan al disco su aspecto sinfónico y lo elevan a otra dimensión. Pero Backdoor Possibilities no sería lo que es sin la característica voz de Bernd Noske, esa mezcla de aspereza y expresividad que narra cada pasaje con intensidad teatral, ni sin la solidez del resto de instrumentistas, cuyo sustrato rítmico poderoso mantiene la cohesión incluso en los momentos más enrevesados. Es un álbum que desafía al oyente con su sofisticación, recompensándolo con una experiencia casi cinematográfica.

En temas como "La cigüena de Zaragoza" o "Behind grey walls", se detecta claramente ese espíritu a lo Gentle Giant, especialmente en los arreglos vocales y en el juego poliédrico de ritmos y texturas. No es una copia, sino una relectura con personalidad propia: más sombría, más europea continental en su dramatismo, más visceral en su ejecución. De hecho, Backdoor Possibilities puede catalogarse como un disco atrevido, incluso arriesgado, que descoloca a quienes esperan algo más lineal, pero que enamora a los que buscamos evolución y profundidad.

Backdoor Possibilities no es sólo un hito dentro del rock progresivo alemán, sino un testamento emocional de lo que ocurre cuando una banda se entrega sin reservas al Arte. Cada vez que lo escucho, y lo hago a menudo, siento que me adentro en un mundo de sombras y luces, de pasajes laberínticos y revelaciones sonoras. Es un disco que no se deja domar fácilmente, pero que, si uno le entrega tiempo y atención, devuelve algo mucho más grande que música: una visión, un viaje, un espejo de nuestra complejidad interior. Su intensidad no se desvanece, al contrario, perdura deslumbrando como la primera vez.

lunes, marzo 24, 2025

ENRIC PASCUAL: TARRACO (2025)

Enric Pascual nos regala con Tarraco, su primer álbum en solitario, un trabajo que sabe impregnarse de décadas de exploración musical y una pasión desbordante por el rock sinfónico. Con una trayectoria que abarca desde los contundentes comienzos en Harnakis en los años 90 hasta su andadura en Doctor No y Scaladei, Pascual ha ido forjando un camino sólido dentro del progresivo nacional. Ahora, en esta obra personalísima, toma las riendas de todos los instrumentos —batería, teclados, Mellotron y voz— componiendo un disco que, más que un simple conjunto de canciones, es un viaje íntimo y conceptual por su propia alma y raíces.

Desde el primer compás de la Tarraco Suite, nos sumergimos en un universo donde la emoción se desgrana en extensos desarrollos instrumentales. La batería, ejecutada con una expresividad única, se convierte en el latido de la narración, mientras que los teclados y el Mellotron despliegan extensas cortinas ambientales, casi cinematográficas, que envuelven cada pasaje. Pascual no solo nos transporta a la grandeza de la antigua Tarraco, el sustrato de su propia existencia vital, sino que nos invita a una exploración íntima del amor y la identidad, con su propia voz impregnada de melancolía y lirismo. A medida que avanzamos en los cinco movimientos de la suite, la música se convierte en una odisea de tensión dramática, romanticismo y épica progresiva, transportándonos a las gloriosas obras del género de los finales setenta en España con las que enlaza con similar calidad.

El cierre del álbum, “Algún día en el Edén”, cuenta con la colaboración especial de Mike Starry, guitarrista de Omni, cuya presencia añade un matiz final de majestuosidad. Su guitarra, etérea y evocadora, dialoga con la instrumentación de Pascual en una coda sublime, donde la tensión narrativa se resuelve en un clímax de enorme belleza. Es en este punto donde yo creo que la obra alcanza su cénit, consolidando a Tarraco como un referente del rock sinfónico contemporáneo en España, un disco que se desarrolla con la ambición de una banda sonora y la profundidad de una gran novela musical.

No queda más que rendirse ante la sensibilidad y la maestría de Enric Pascual. Tarraco no es sólo un álbum, sino un testimonio de madurez creativa, una obra de Arte que mira al pasado con respeto y al futuro con audacia. Es la confirmación de que el rock sinfónico español aún tiene grandes historias por contar, y que Pascual, con su talento inagotable, es uno de sus mejores narradores.

lunes, marzo 17, 2025

FORMAS: LARGOS SUEÑOS (1981)

Formas, aquel grupo sevillano nacido en 1977, es un canto que resuena en el eco del rock andaluz como un poema escrito con guitarras aflamencadas y teclados progresivos. Su obra debut, Largos Sueños, publicada en 1981 en SurcoSur, es un lienzo sonoro en el que cinco músicos trazaron paisajes cargados de melancolía y esperanza. Manuel López, Sebastián Gaona, José Manuel Blanco, Francisco García y Antonio García entrelazaron sus talentos para crear una sinfonía que danza entre lo terrenal y lo etéreo, evocando las raíces de la tierra andaluza con la pasión de un Arte que no se doblega al paso del tiempo.

En su interior se encuentran joyas como "Soleá", compuesta por Julio Matito y Paco Ortega, y "La gitanilla", donde las notas se convierten en versos, y las melodías, en imágenes vivas. La voz del juglar Sebastián Gaona, cuenta historias que parecen susurradas por los vientos del Guadalquivir, mientras las guitarras de Manuel López y los teclados de José Manuel Blanco dibujan horizontes infinitos. Largos Sueños es un viaje donde la tradición y la modernidad se dan la mano, creando una obra que trasciende la simple categoría musical para convertirse en un testimonio del alma andaluza.

Hoy podemos decir que este sueño largo y profundo ha despertado de su letargo gracias al sello 5 Lunas Producciones, bajo la guía de Juan Antonio Vergara, que ha dado nueva vida al álbum con una cuidada reedición en CD. La remasterización ilumina cada rincón sonoro de esta obra y añade un tema inédito, "Verde esperanza", que cierra el álbum como un susurro de promesas renovadas. Este rescate no es solo una restauración musical, sino un homenaje a la pasión y al arte de una banda que convirtió la música en un refugio de belleza.

Formas no solo tocó las cuerdas del rock andaluz, sino también los corazones de quienes escucharon su llamada. Aunque su segundo álbum, Sol de Acuario, editado solamente en formato cassette en 1985 y con nula promoción, quedó a la sombra del primero, la esencia de Largos Sueños ha perdurado, como un perfume que nunca se desvanece. Su pretérito éxito en Italia y su vigencia actual son prueba de que la verdadera poesía nunca muere; permanece suspendida en el tiempo, aguardando nuevas almas que la descubran.

Este álbum no es solo música; es un suspiro, un instante atrapado en el flujo del tiempo, un testimonio del poder de la creación humana para desafiar el olvido. Largos Sueños es una oda a los sentidos y una caricia al alma, una obra que merece ser descubierta y celebrada como un tesoro escondido en el vasto paisaje de la música española.

viernes, marzo 14, 2025

"ESPERPENTO": EL NUEVO VIAJE SONORO DE COCHÈ VIL BAND

Hoy 14 de marzo ve la luz “Esperpento”, un ambicioso tema instrumental de más de 9 minutos de duración con el que la Cochè Vil Band presenta su renovada formación. La banda, liderada por Cochè Vil, guitarras, integrada totalmente por orensanos cuenta ahora con David Outumuro a la batería, Jacobo González en los teclados, Óscar Vázquez en el bajo y Sebas Mato en la guitarra eléctrica. Juntos han dado forma a un tema que refleja la esencia del rock progresivo de los años 70, con claras influencias de referentes como Pink Floyd o Yes, combinadas con el sello personal de su compositor.

Para lograr un sonido a la altura de su propuesta, “Esperpento” ha sido mezclado por Daniel Cardoso, ex integrante de Anathema y actual músico de Weather Systems, mientras que la masterización ha estado en manos de Steve Kitch, teclista de The Pineapple Thief. Con estos nombres en la producción, la Cochè Vil Band apuesta por una carta de presentación de alto nivel, prometiendo una experiencia sonora envolvente y fiel a la tradición progresiva.

https://www.youtube.com/watch?v=3hfjp4HE0Ik

martes, marzo 11, 2025

AMORPHOUS ANDROGYNOUS: THE ISNESS (2002)

Amorphous Androgynous, el alter ego psicodélico del dúo británico The Future Sound of London, nos regaló en 2002 un viaje sonoro único con The Isness. En este álbum, Garry Cobain y Brian Dougans se alejan de la electrónica abstracta que les precedía  para sumergirse en una experiencia que remite directamente al rock progresivo y la psicodelia de finales de los sesenta y principios de los setenta. Lo hacen con una riqueza instrumental apabullante, en la que el sitar, los vientos y una producción expansiva generan atmósferas hipnóticas y envolventes. Es un disco que se aleja de lo convencional y que se deja llevar por la experimentación sin ataduras, evocando paisajes sonoros caleidoscópicos y una sensación de viaje lisérgico.

Desde sus primeras notas, The Isness recuerda a los primeros Pink Floyd de Ummagumma, Atom Heart Mother, A Saucerful of Secrets o More, tanto en la estructura de los temas como en la manera en que los desarrollos instrumentales fluyen con total libertad. A lo largo del disco, encontramos pasajes donde la electrónica cósmica se fusiona con elementos sinfónicos, una mezcla que también nos remite a Tangerine Dream, especialmente en piezas como “High tide on the sea of flesh”, donde los sintetizadores ambientales evocan los viajes espaciales característicos del grupo alemán. Esta diversidad de influencias hace que el disco sea una obra de múltiples capas, ideal para una escucha profunda y atenta.

Pero las conexiones no terminan ahí. The Isness también ha sido una fuente de inspiración para bandas posteriores, y su influencia es palpable en la primera época del dúo francés Air, en particular en Moon Safari, donde el downtempo progresivo y los arreglos orquestales comparten esa misma búsqueda de texturas oníricas. La diferencia es que Amorphous Androgynous apuesta más por la libertad total, mientras que Air se mantiene dentro de estructuras más accesibles. Aun así, ambos proyectos comparten ese amor por la evocación sonora y la construcción de paisajes musicales que parecen flotar en el tiempo.

En definitiva, The Isness es un álbum que desafía etiquetas y se convierte en una experiencia sensorial más que en una simple colección de canciones. Su riqueza instrumental, sus ambientes envolventes y su espíritu aventurero lo convierten en una obra imprescindible para los amantes de la psicodelia y el rock progresivo. Es un disco que invita a dejarse llevar, a sumergirse en un universo de colores sonoros, demostrando que la música sigue siendo un vehículo poderoso para la exploración y la trascendencia.

lunes, marzo 10, 2025

CLAUDE DUBOIS: FABLE D'ESPACE (1978)

Claude Dubois, una de las voces más icónicas de Quebec, sorprendió al mundo en 1978 con Fable d’Espace, una obra que rompe con su trayectoria melódica para adentrarse en el progresivo. En una jugada similar a la de José Cid en Portugal, Dubois decidió explorar los terrenos del rock sinfónico con una sensibilidad melódica impecable, resultando un álbum que es, sencillamente, una maravilla absoluta. Grabado en los estudios Utopia Sound en Nueva York, con el respaldo de Todd Rundgren, el disco se nutre de una instrumentación elaborada y una producción meticulosa que le otorgan un aura única dentro del panorama progresivo francófono de la época.

Musicalmente, Fable d’Espace destaca por su riqueza instrumental, con una presencia constante de teclados, sintetizadores y arreglos envolventes. John Wilcox en la batería y Richard Bell en los teclados aportan una base sólida, mientras que John Holbrook, además de encargarse de la ingeniería y la mezcla, deja su huella con su trabajo en la guitarra y los sintetizadores. Jean-Yves Labat, conocido por su paso por Utopia, refuerza esa atmósfera espacial con su dominio del sintetizador EMS. Las seis composiciones del álbum se mueven entre el lirismo melódico y la experimentación, con temas como “Au bout des doigts” y “Vaisseau interspacial” que aúnan esa fusión entre la canción y el progresivo, mostrando una sensibilidad comparable a la de grupos como Harmonium o incluso Camel en su faceta más melódica.

Si bien Dubois nunca se consolidó como un artista progresivo, este disco demuestra que su talento trascendía géneros y etiquetas. Canciones como “Une guitare des ondes et leur machine” evidencian su capacidad para jugar con texturas sonoras, mientras que “Salta diabla” aporta un dinamismo inesperado dentro de la estructura del álbum. En un contexto donde Quebec se convertía en un hervidero de rock progresivo con nombres como Maneige o Pollen, Fable d’Espace se sitúa en una posición especial: no es un disco de rock progresivo puro, pero su ambición y calidad lo hacen destacar como una obra maestra de pop progresivo.

En conclusión, Fable d’Espace es un disco que desafía expectativas y se erige como una joya de la música progresiva francófona. La fusión entre la tradición melódica de Dubois y el universo sonoro expansivo que construye en este álbum resulta en un trabajo atemporal, de esos que siguen maravillando con cada escucha. Para quienes buscan una obra accesible pero sofisticada dentro del progresivo, este álbum es un imprescindible, una demostración de que cuando un artista decide arriesgar, puede crear algo verdaderamente inolvidable.

sábado, marzo 08, 2025

ABACAB: MAL DE TERRE 82009)

El álbum, lanzado en 2009, es un reflejo de la evolución de una banda francesa con raíces profundas en la escena progresiva. Nacidos en 1990 bajo el nombre de Contresens, el grupo acumuló experiencia y reconocimientos en más de 200 conciertos antes de reinventarse y adoptar el nombre Abacab en el año 2000. Influenciados por bandas como Ange, más, y Pink Floyd, o menos, optaron por un sonido que mezcla guitarras potentes con teclados melódicos, marcando un camino propio en el panorama neo-progresivo. La primera incursión con su EP Les 3 Couleurs en 2004 sentó las bases para este ambicioso proyecto discográfico que se consolidó con su debut en un formato más extenso, respaldado por el sello francés Musea.

Musicalmente, Mal de Terre se destaca por su dualidad: por un lado, encontramos atmósferas dramáticas y un rock contundente y casi primitivo en la ejecución de las guitarras, mientras que, por otro, se incorporan pasajes más sutiles y etéreos gracias a patrones delicados a la guitarra, sintetizadores fluidos y solos cargados de nostalgia vintage. La instrumentación está a cargo de un quinteto bastante resolutivo: Thomas Boulant y Arnaud Catouillard en guitarras y voces, Yohan Lampis en la batería, Guillaume Wilmot en teclados y voces, y Alexy Wilmot en el bajo. Este equipo aporta sutiles matices que recuerdan a la tradición teatral y melódica de bandas como Ange o Mona Lisa, aunque sin imitar directamente a Genesis a pesar de su nombre.

En el disco se percibe una experimentación constante que fusiona elementos de prog metal, jazz y funk, creando momentos musicales que oscilan entre la tormenta y la calma. Con una duración al límite de la capacidad de un CD, el álbum ofrece una experiencia extensa en la que algunas piezas se destacan por sus riffs rudos y arreglos sofisticados, mientras que otras pueden parecer una amalgama de ideas menos cohesionadas. La presencia de algunas canciones que ya habían aparecido en el EP cinco años antes genera cierta confusión, al reutilizar temas ya explorados, lo que añade un tinte de controversia en cuanto a la coherencia del conjunto.

Mal de Terre es una propuesta valiente que invita al oyente a sumergirse en una narrativa musical repleta de contrastes. Aunque la fusión de estilos a veces puede generar sensaciones encontradas, la calidad instrumental y la marcada identidad teatral de sus voces hacen de este álbum una experiencia enriquecedora para los amantes del neo-progresivo. Personalmente, lo considero un disco interesante y bien trabajado, aunque quizás no resulte indispensable para todos los gustos.

sábado, marzo 01, 2025

KIT WATKINS: LABYRINTH (1981)

Kit Watkins, un maestro de los teclados con una sensibilidad única, nos entregó en 1981 Labyrinth, su primer álbum en solitario tras su paso por Happy the Man y Camel. Este trabajo es una fascinante exploración sonora que combina progresivo, jazz fusión y ciertas esencias new age, todo envuelto en una atmósfera evocadora. Acompañado únicamente por el percusionista Coco Roussel, Watkins se encarga de todos los demás instrumentos, mostrando una versatilidad impresionante. Desde el primer tema, “Glass of time”, queda claro que estamos ante una obra que abraza las convenciones del rock progresivo, con melodías intrincadas y cambios de tiempo sorprendentes que recuerdan a la escuela de Genesis o los propios Camel, pero con un sello muy personal.

El disco despliega una riqueza tímbrica notable. “Mt. St. Helens”, por ejemplo, es un despliegue de potencia rítmica con un aire casi cinematográfico, mientras que “Spring 1980” nos lleva a un lugar más etéreo y delicado, mostrando la capacidad de Watkins para crear paisajes sonoros emotivos con su piano. La pieza central, “Labyrinth”, con sus más de siete minutos de duración, es una obra maestra de texturas y progresiones armónicas, inspirada en los viajes del músico por el metro de Washington D.C. Este tipo de detalles dan un carácter casi narrativo a la música, sumergiendo al oyente en una experiencia sensorial que va más allá de la simple escucha. Se percibe la influencia de la escena de Canterbury en piezas como “Two worlds” y “4 bars-1 unit”, que combinan el lirismo melódico con estructuras complejas al estilo de Matching Mole o National Health.

Hacia el final del álbum, “Cycles” nos muestra un Watkins más experimental, anticipando su inclinación hacia la música ambient y new age de trabajos posteriores, funcionando como una especie de epílogo contemplativo tras la intensidad de las composiciones anteriores. Es un cierre inesperado, pero que en retrospectiva da coherencia a la trayectoria posterior del artista, quien siguió explorando paisajes sonoros cada vez más atmosféricos y minimalistas.

Labyrinth es una joya oculta dentro del rock progresivo, un testimonio de la genialidad de Kit Watkins y su capacidad para construir mundos sonoros con una riqueza y profundidad pocas veces vistas. Es un álbum que no busca deslumbrar con virtuosismo desmedido, sino que invita a una escucha atenta, casi meditativa. Como todo laberinto, su recorrido es complejo, a veces desconcertante, pero al final nos deja con la sensación de haber descubierto algo nuevo y maravilloso en cada rincón. Para quienes aman la música progresiva en su faceta más elegante y evocadora, esta es una obra imprescindible.

MOON CLUSTER: DYSTOPIKA (2024)

El álbum, lanzado el 19 de noviembre de 2024, es una obra maestra que transporta al oyente a la esencia del rock progresivo de los años 70. Desde los primeros acordes de "Oh Lord", la banda bilbaína nos sumerge en un viaje sonoro de más de diez minutos, donde los teclados de Elis Casado y la guitarra eléctrica de Miguel Ramírez se entrelazan en una danza hipnótica. La sección rítmica, compuesta por Mortensen Rik en el bajo y Ricar Fernández en la batería, aporta una base sólida que sostiene la complejidad melódica de la pieza.

El segundo tema, "Green and watery", nos envuelve en una atmósfera más introspectiva. Aquí, los elementos de jazz y rock se fusionan de manera sublime, creando paisajes sonoros que evocan imágenes de vastas extensiones acuáticas y cielos nublados. La destreza instrumental de la banda se hace evidente en cada compás, demostrando una cohesión y madurez artística que cautiva y emociona.

La joya de la corona es, sin duda, "Return to Karnak 9" (el título ya da pistas más que claras de qué senderos intrincados recorre este fenomenal combo), una extensa y emotiva suite que cierra el álbum. Dividida en nueve movimientos, esta composición épica nos lleva por un recorrido lleno de cambios de tempo, dinámicas y texturas sonoras que mantienen al oyente en vilo. La narrativa musical aquí es poderosa, contando una historia sin palabras que resuena en lo más profundo del alma.

Dystopika no es solo un tributo al legado del rock progresivo, desde ELP hasta Pink Floyd o Eloy, sino un faro encendido en la vastedad del tiempo, una obra que respira con vida propia. Moon Cluster ha tejido un tapiz sonoro donde cada nota es un latido, cada compás un eco de genialidad. Escucharlo no es solo un acto, sino un viaje iniciático: con cada repetición, emergen nuevos paisajes, texturas ocultas y destellos de una belleza inagotable. Es un álbum que no se consume, sino que crece, se expande y nos envuelve en su hechizo, invitándonos a perdernos en su inmensidad una y otra vez.